"Una historia de heroísmo, traición y represión que la memoria colectiva confundió con el carlismo"
Desvelando una confusión histórica
Hay un episodio histórico que guarda una enorme fuerza dramática en la memoria de la Vega Baja, pero contiene un matiz cronológico e ideológico muy habitual en nuestras crónicas locales: no fue una incursión carlista, sino un desembarco liberal (constitucionalista) contra el absolutismo de Fernando VII.
Se trata de la célebre y trágica Expedición de los hermanos Fernández Bazán en febrero y marzo de 1826, en plena Década Ominosa (1823-1833), ese periodo que los propios liberales bautizaron como "abominable" por la feroz represión que sufrieron. La confusión con el carlismo surge porque en la Vega Baja, y especialmente en la diócesis de Orihuela, el sentimiento realista-absolutista era fortísimo y sentó las bases de lo que pocos años después, a partir de 1833, sería el frente carlista de la comarca.
Esta es la crónica de cómo un puñado de idealistas intentó devolver la libertad a España y encontró la muerte en el camino.
Contexto histórico: La Década Ominosa y el exilio liberal
Tras el fracaso del Trienio Liberal (1820-1823), la intervención de los "Cien Mil Hijos de San Luis" franceses restauró el absolutismo más radical de Fernando VII. Los liberales que no murieron en combate tuvieron que elegir entre el exilio o la clandestinidad. Muchos se refugiaron en Gibraltar, desde donde conspiraban para restaurar la Constitución de 1812, conocida como "La Pepa".
Pero el exilio no era un lugar de unidad. Los liberales estaban divididos entre moderados y exaltados, y las disputas por el liderazgo eran constantes. Fue en este contexto de desencuentros donde surgió la figura de los hermanos Fernández Bazán.
Los protagonistas
Antonio Fernández Bazán: el coronel de la Fábrica de Tabacos
Había sido director de la Real Fábrica de Tabacos de Alicante durante el Trienio Liberal. Este edificio, que llegó a emplear a 5.500 personas (en su mayoría mujeres, las famosas "cigarreras"), era uno de los centros industriales más importantes de la ciudad. Su experiencia administrativa y militar lo convertían en un líder natural.
Juan Fernández Bazán: el teniente coronel leal
Hermano menor de Antonio, compartía su compromiso liberal y su determinación de luchar contra el absolutismo fernandino.
Álvaro Flórez Estrada: el ideólogo
Economista y político asturiano (1766-1853), fue uno de los liberales más destacados del exilio. Impulsó la expedición de los Bazán y participó en la redacción de sus documentos político-organizativos, que llevaban como consigna "Libertad, Independencia y muerte a los franceses".
Bartolomé Arques (Arquetes): el comisionado en Alicante
Enlace de los hermanos Bazán en la provincia de Alicante. Llegó a Gibraltar con la información de que "el partido liberal en Valencia era muy vigoroso", lo que convenció a los hermanos para cambiar sus planes originales (que contemplaban Galicia) y desembarcar en la costa alicantina.
Pedro Fermín de Iriberri: el verdugo absolutista
El brigadier Pedro Fermín de Iriberri y Oliver, gobernador militar y político de Alicante entre 1823 y 1832, era un ultra-absolutista madrileño que se convirtió en el principal ejecutor de la represión contra los liberales. La historia local lo recuerda como "el gobernante más odioso" que tuvo Alicante. Su crueldad con los hermanos Bazán quedaría para la posteridad.
La ruptura con Espoz y Mina: el origen de una aventura temeraria
La expedición de los Bazán nació de una disputa personal. En Londres, el general Francisco Espoz y Mina lideraba la conspiración liberal contra Fernando VII, pero los hermanos Bazán se sentían relegados y mal informados sobre los planes.
La situación escaló dramáticamente: Juan Fernández Bazán sedujo a la doncella de la mujer de Espoz y Mina para que espiase al matrimonio y les revelara los detalles de la conspiración. Cuando el espionaje fue descubierto, se produjo una ruptura total entre Mina y los hermanos, quienes quedaron aislados en Londres.
Fue entonces cuando los Bazán, impulsados por Flórez Estrada y otros críticos de la "moderación" de Mina, desarrollaron por sí mismos un "alocado proyecto de invasión". Consiguieron dinero de algunos ingleses simpatizantes y se dirigieron a Gibraltar.
La mayoría de los grupos conspirativos del exilio consideraron la expedición "prematura e inoportuna". Liberales valencianos como Beltrán de Lis o Díaz Morales se negaron a participar, advirtiendo que el plan estaba condenado al fracaso. Pero nada pudo detener a los hermanos:
"Si me viera falto de todo recurso, con los ocho compañeros que salí de Londres y los que en esta se me quisieran unir; entraría por La Línea y vendería cara la vida de los bravos que me acompañasen."
Los preparativos en Gibraltar: una expedición condenada al fracaso
En Gibraltar, las autoridades españolas ya estaban alerta. El embajador en París, el cónsul en Gibraltar y el Comandante general del campo de San Roque habían informado al gobierno de Fernando VII sobre la llegada de los Bazán en octubre de 1825, describiendo minuciosamente su proyecto de tentativa "entre Alicante y Cartagena, en cuyo País tenía confidentes, sobre todo hacia Crevillente".
El 16 de febrero de 1826 comenzó el embarque. Reunieron a unos 59 hombres (aunque otras fuentes hablan de 60-80), muy por debajo de los 200 esperados. Todos iban pertrechados con un fusil y una cartuchera con correaje de color negro.
Embarcaron en un balachero valenciano (una embarcación ligera usada habitualmente para el contrabando) y partieron hacia las costas de Valencia, con destino final en Alicante. Los hermanos llevaban consigo un Plan topográfico de Guardamar y un minucioso estudio de la población de Vinaròs, lo que demuestra que habían preparado la expedición con cierto detalle.
El desembarco en Guardamar (18-19 de febrero de 1826)
En la madrugada del 19 de febrero de 1826, la expedición liberal desembarcó en el Cargador Viejo, un antiguo muelle romano que se utilizaba para cargar sal, situado entre La Mata y Guardamar del Segura.
La toma del pueblo
- La mayor parte de la fuerza se situó en la plaza de la Iglesia
- Otros entraron, antes de las seis de la mañana, en la casa del alcalde, José García, a quien condujeron por la fuerza al Ayuntamiento
- Tomaron el armamento, las municiones y el vestuario de los Voluntarios Realistas de la localidad
- Consiguieron caballos, raciones de pan y alpargatas que exigieron a las autoridades locales
Antes de partir, se leyó en el Ayuntamiento, en presencia del vicario de la parroquia y del escribano, una proclama "alusiva a destruir el legítimo gobierno de S.M." y un largo bando de más de veinte capítulos relativo al mismo fin. Después liberaron a los hombres que habían hecho prisioneros.
Pero entonces debieron escuchar el sonido de las campanas de la iglesia llamando a arrebato o somatén (el toque de alarma para movilizar a la población). El alcalde José García procuró dar inmediata información al Corregidor de Orihuela, a los intendentes de policía de Hacienda y al Comandante de Armas de Murcia, a la vez que controlaba las entradas a la población y guarnecía la playa con hombres y caballos.
El error estratégico
Los Bazán confiaban en que la población se uniría a la causa liberal, pero ocurrieron dos cosas:
- No encontraron apoyo popular: pocos vecinos de Rojales y la comarca se sumaron a su causa
- Los absolutistas alertaron al obispo Herrero y a las autoridades, que movilizaron rápidamente a los Voluntarios Realistas de Guardamar, Rojales y el resto de la Vega Baja
La retirada: perseguidos por los Voluntarios Realistas
El aparato estatal absolutista se puso en marcha con eficacia. El Cuerpo de Voluntarios Realistas (una milicia absolutista creada el 10 de junio de 1823) se unió a las tropas comandadas por Iriberri. Dada su evidente inferioridad numérica, a los Bazán no les quedó más remedio que huir.
Primero trataron de volver a embarcar en Guardamar buscando nuevamente el exilio, pero una mala racha de viento frustró el plan. Así pues, acabaron escondiéndose en la Sierra de Crevillent, intentando enlazar con núcleos liberales clandestinos (como en San Vicente o la Cañada del Fenollar).
Durante varios días, los expedicionarios sufrieron acoso constante, hambre y escaramuzas contra las milicias absolutistas. El grupo quedó completamente diezmado.
El enfrentamiento final (22 de febrero)
El 22 de febrero de 1826 se produjo el choque definitivo. Los realistas atacaron a la voz de "¡Viva el Rey!", que fue respondida por los revolucionarios con las de "¡Muera el Rey! ¡Viva la Libertad!", gritos que los testimonios realistas consideraron "sacrílegos".
El combate tuvo lugar en la Hoya de los Carratalanes. Los realistas obligaron a los liberales a ceder la altura que habían ocupado y caer al hondo de la hoya, momento a partir del cual se produjo una dispersión general. Algunos se ocultaron en las copas de los árboles o en las quebradas, mientras eran aprisionados por los realistas, que encontraron tres cadáveres en el suelo.
Antonio Bazán resultó herido por el disparo de un voluntario y cayó de su caballo. Sus hombres lo subieron de nuevo al animal y salieron en busca de la costa sobre el camino de Busot, hacia el caserío de Aguas Altas, pero sin su sable, que los realistas recogieron como trofeo.
Tras tres horas de fuego, entre la una y las dos de la tarde de ese día 22, la columna liberal había sido destruida. Los realistas sólo tuvieron dos heridos.
La capitulación y la promesa rota
Superados en número y conscientes de que el levantamiento popular era un espejismo, los hermanos Bazán y sus hombres se vieron obligados a capitular y entregarse bajo la promesa de que se respetarían sus vidas.
Pero esa promesa, como descubrirían demasiado tarde, las autoridades absolutistas no tenían ninguna intención de cumplir.
El ajusticiamiento en Orihuela (marzo de 1826)
El gobernador militar y político de la provincia de Alicante, el ultra-absolutista Fermín de Iriberri, aplicó una represión feroz y sumaria. Los prisioneros fueron distribuidos para ser ejecutados en distintos puntos como escarmiento público.
Mientras que una treintena de los soldados liberales capturados fueron fusilados en Alicante, los líderes de la expedición corrieron su trágico destino en Orihuela, que era el gran centro neurálgico y espiritual del absolutismo y el realismo en la comarca.
Juan Fernández Bazán: la serenidad ante la muerte
Juan Fernández Bazán pudo despedirse de su familia a través de una carta que escribió a un amigo, en la que comunicaba que su hermano y él iban a ser fusilados por defender la libertad.
Fue conducido al patíbulo junto al teniente coronel Pardo Figueroa y otros compañeros. Fueron fusilados por la espalda a las tres de la tarde del día 28 de febrero de 1826.
Su actitud tranquila sorprendió e irritó a los que presenciaron su muerte. Los testigos realistas, irritados por su compostura, la calificaron como de "indiferencia diabólica", narrando que caminaron "con descaro escandaloso por toda la carrera" y que "aun después de arrodillados gritaron ellos mismos fuego con vivas a su imaginaria libertad".
Sólo a los cuatro que aceptaron la confesión se les concedió sepultura eclesiástica. A los demás, Iriberri les negó incluso el auxilio de un sacerdote "para que fueran al infierno inconfesos".
Antonio Fernández Bazán: fusilado en una camilla
Antonio Fernández Bazán, gravemente herido durante los combates de la retirada, fue conducido a Orihuela. Tenía seis heridas de bala en sí mismas mortales que no le permitieron escribir por su mano una carta a Thomas Williams pidiéndole que ayudase a su mujer y a su hijo.
Pudo dictar una carta en la que escribía: "que había muerto de ellas, aunque no es así, pues dentro de breves momentos seré conducido al patíbulo".
Su ejecución se retrasó unos días debido a su estado, pero la crueldad de Iriberri no tuvo límites: el 4 de marzo de 1826, el coronel Antonio fue fusilado en Orihuela postrado en las mismas parihuelas (camilla) en las que yacía malherido, demostrando hasta el final una serenidad que impactó a los testigos de la época.
El gobernador fue tanteando luego los cuerpos con su bastón para comprobar si estaban muertos o darles personalmente el tiro de gracia.
Bartolomé Arques: el destino del comisionado
Bartolomé Arques también murió en la expedición, acribillado a balazos cuando intentaba huir a caballo de una casa de campo donde se había escondido.
Las consecuencias: una represión que anunciaba la guerra civil
El ajusticiamiento de los hermanos Bazán y sus hombres dejó una profunda huella en la Vega Baja. La dureza de la represión y el papel activo de los voluntarios realistas de Guardamar y el Bajo Segura prefiguraron el clima de guerra civil latente que, apenas siete años después (en 1833), estallaría definitivamente en la zona, esta vez sí, bajo las banderas de la Primera Guerra Carlista.
La expedición tuvo otras consecuencias políticas:
- Prolongación de la ocupación francesa de España, ya que el fracaso demostró la debilidad del liberalismo exiliado
- Un endurecimiento de la política absolutista del gobierno de Fernando VII
- La consolidación de los Voluntarios Realistas como uno de los bastiones de la defensa del absolutismo más cerrado
La confusión con el carlismo: por qué ocurre
Es comprensible que en la memoria colectiva de la Vega Baja se haya confundido esta expedición liberal con una incursión carlista. Las razones son varias:
- El absolutismo dominante: la Vega Baja, y especialmente Orihuela, era un bastión del absolutismo más radical. El obispo Herrero y las élites locales promovieron un realismo feroz que sentó las bases del carlismo.
- Los Voluntarios Realistas: esta milicia, que persiguió y ejecutó a los Bazán, fue el germen de las fuerzas carlistas que combatirían a partir de 1833.
- La cronología: apenas siete años separan la expedición de los Bazán (1826) del inicio de la Primera Guerra Carlista (1833). Para la memoria popular, ambos conflictos se funden en un mismo periodo de violencia política.
- La represión absolutista: tanto en 1826 como en 1833, las fuerzas del orden establecido combatieron contra quienes se levantaban en armas, aunque en 1826 fueran liberales constitucionalistas y en 1833 fueran carlistas tradicionalistas.
Conclusión: una historia que merece ser recordada
La expedición de los hermanos Fernández Bazán es un episodio trágico pero fascinante de nuestra historia local. Representa:
- El idealismo liberal enfrentado a la realidad del absolutismo fernandino.
- La división del exilio y las disputas internas que debilitaron la causa constitucionalista.
- La crueldad de la represión absolutista encarnada en la figura de Iriberri.
- El arraigado absolutismo en la Vega Baja, que explicaría el posterior éxito del carlismo.
- La memoria confusa de los pueblos, que a lo largo del tiempo ha mezclado conflictos ideológicos opuestos.
Hoy, al cumplirse dos siglos de aquellos hechos (en 2026), es importante rescatar esta historia del olvido y aclarar la confusión: los que desembarcaron en Guardamar en febrero de 1826 no eran carlistas, sino liberales constitucionalistas que dieron su vida intentando restaurar la Constitución de 1812.
Fuentes y bibliografía
Fuentes académicas:
• Salmerón Giménez, Francisco Javier. "La fracasada insurrección liberal de los hermanos Bazán en Guardamar en 1826". Baluard: Anuari de l'Institut d'Estudis Guardamarencs, Universitat d'Alacant.
Fuentes periodísticas:
• "La rebelión constitucionalista de los Bazán cumple dos siglos". Aquí Medio de Comunicación, febrero 2026.
• "Los hermanos Bazán". Diario Información, noviembre 2007.
• "Odioso Iriberri". El Libro Durmiente, julio 2021.
Archivos:
• Institut d'Estudis Guardamarencs (Guardamar del Segura)
• Archivo Histórico Municipal de Orihuela
• Archivo Provincial de Alicante
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