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viernes, 12 de junio de 2026

Independensia

Opinión

Independensia

Juan Mora, autor del artículo
JUAN MORA
Profesor
29.V.99

La víspera de San José me invitaron unos amigos a una paella nocturna. Es costumbre de la gente bien y la menos bien en la capital del Turia, ocupar las calles con barracas y que en el mismísimo asfalto se instalen los fuegos que van a casar el pollo con el conejo y con el salteado de garrafons, tomate y ñora y una cabeza de ajos, mientras los paseantes preguntan a los paelleros que cómo va el arroz o de qué es la paella. Allí, pasadas las doce de la medianoche, en medio de aquella barahúnda de humos y olores a sofrito, sentí mi tierra.

De camino para el improvisado y ocasional figón, ya había sentido en mis entretelas la llamada telúrica, a pesar de tenerla bajo medio metro de asfalto: los puestos de crujientes buñuelos -tan buenos como los de la abuela- borbollando en el aceite de hondas sartenes y su materia prima: carrozas de Cenicienta criadas en La Horta y apiladas en el mostrador frente a la buñueleras de blanco dejan boquiabiertos hasta a los hiperbólicos ninots de los González, Aznares, Zaplanas, Ritas o cualquier «prohombre» de turno, políticos o no, que arderán la noche después. Esto, unido a los fuegos de artificio, los pasacalles y desfiles, me hicieron exclamar: «¡Soy de aquí!». Poco antes casi lloro de emoción cuando vi delante de mí a mis amigos y sus dos niñas vestidos con el blusón huertano del abuelo.

Pero mi gozo en un pozo cuando voy y me siento junto a la paella y una buena moza de la Ribera del Xúquer, pero residente en Valencia, culta y «viajada» ella, me pregunta que de dónde soy y le respondo que de la Vega Baja y hace un gesto de extrañeza y me anticipo a una nueva pregunta y le puntualizo que del sur, muy cerca de Orihuela. «¡Ah, sí, de Murcia!», remata y me remata. «Bueno, pensé, no tiene mayor importancia», aunque alguna mella hizo en mi euforia su error geopolítico.

La cosa podría quedar en simple anécdota -aunque no era la primera vez que me sucedía algo por el estilo- si no llega a ser por lo que sigue.

La semana pasada serpenteaba con parsimonia (me da pánico la velocidad) una de las carreteras de tercera que van a dar a la vía rápida de Crevillente-Torrevieja. Paro en un stop y ocupo la larga espera mirando el entorno de palmeras en combinación con naranjales y tahúllas de brócolis y alcachofas y la pared de una casa de labranza abandonada, donde leo «Ni Mursia ni Valensia. Vega Baja independensia» con las aes confinadas en un círculo y destacadas las eses. (Me gustan las contundentes eses de la Vega. Pero eso es otra historia...)

La pintada y el pitido de dos o tres conductores-prisa me sacan de mi ensimismamiento. Arranco, pero no por ello dejo de pensar en la razón del «graffitti» y me pregunto: ¿No serán los nacionalismos rabiosos producto de la ignorancia que unos ciudadanos tienen y mantienen de los otros? ¿No se deberán a la falta de consideración con las peculiaridades de los demás? O todavía más grave: ¿No serán hijos del -llamémosle_ «descuido» de políticos relevantes, que sólo se acuerdan de los olvidados cuando se aproximan las elecciones?

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