Escándalos de la República
La corrupción que dinamitó el centro político en 1935
Caso Estraperlo
El caso estraperlo fue uno de los mayores escándalos de corrupción política de la Segunda República Española y la causa directa del hundimiento del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux. Curiosamente, el término que hoy usamos para referirnos al comercio ilegal en la posguerra franquista proviene del nombre de una ruleta trucada.
El origen del nombre
En 1934, el empresario holandés nacionalizado mexicano Daniel Strauss y su socio Perlowitz (también citado como Perlo o Perl) patentaron una ruleta de trece números que presentaban como «juego de cálculo» para sortear la prohibición de juegos de azar en España. El aparato, bautizado como Straperlo (acrónimo de sus apellidos), ya había sido prohibido en Holanda por fraudulenta. Tras fracasar en Niza y Ostende, intentaron instalarlo en Barcelona, pero el gobierno catalán de Lluís Companys no lo permitió.
La ruleta trucada
Según su propaganda, observando el giro de la bola se podía anticipar dónde caería. En realidad, la ruleta ocultaba un dispositivo eléctrico con un botón oculto que permitía a la banca modificar la velocidad de la bola y ganar siempre que lo desearan.
El invento ya había sido prohibido en Holanda por fraudulenta, y Strauss había sido expulsado del país. Intentaron introducirlo en casinos de Niza y Ostende sin éxito, hasta que en 1934 llegaron a Barcelona. Allí, el gobierno catalán de Lluís Companys tampoco permitió su explotación.
La trama de sobornos
En Barcelona, Strauss conoció a Juan Pich i Pon, subsecretario de Marina y destacado miembro del Partido Republicano Radical (PRR). Pich i Pon le presentó a Aurelio Lerroux, sobrino e hijo adoptivo de Alejandro Lerroux, quien entonces era ministro de la Guerra. A través de estas conexiones, el grupo logró agilizar el permiso del Ministerio de la Gobernación, ocupado por el radical Rafael Salazar Alonso.
Las gestiones alcanzaron niveles de vodevil: en una medianoche, trasladaron clandestinamente la ruleta desde el Hotel Ritz al Ministerio de la Gobernación para exhibirla ante Salazar Alonso y otros altos cargos. Entre los «mediadores» del grupo figuraban también el periodista Santiago Vinardell y el boxeador Paulino Uzcudun. En las negociaciones cambiaron de manos relojes de oro y se creó una sociedad anónima repartiendo porcentajes entre los participantes, incluido el propio Alejandro Lerroux.
La instalación y clausura
La ruleta se instaló en el casino de San Sebastián, pero apenas tres horas después de su inauguración, la policía la clausuró al demostrarse que estaba trucada. Strauss consiguió otra autorización para el Hotel Formentor de Mallorca, donde tampoco pudo explotarse por la oposición de la burguesía local.
El chantaje y la denuncia
A finales de 1934, completamente arruinado, Strauss decidió volver a Holanda. Antes exigió la devolución de los sobornos pagados. Ante la negativa de los políticos implicados, en abril de 1935 escribió directamente a Alejandro Lerroux, entonces presidente del gobierno, pidiendo una indemnización de 85.000 pesetas y advirtiendo que si no le pagaba, actuaría en consecuencia. La leyenda popular dice que Lerroux, sin leer la carta, la hizo una pelota y la tiró a la papelera.
Strauss entonces dirigió su denuncia al presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, quien recibió el dosier completo a principios de septiembre de 1935. Alcalá-Zamora se lo mostró a Lerroux, pero este restó importancia al asunto. Según el historiador Gabriel Jackson, Alcalá-Zamora obligó a Lerroux a dimitir como presidente del gobierno a mediados de septiembre de 1935 por este escándalo, aunque Lerroux conservó la cartera de Estado en el nuevo gobierno presidido por Joaquín Chapaprieta.
El escándalo público
El 19 de octubre de 1935, el gobierno de Chapaprieta emitió una nota oficial anunciando que había recibido una denuncia de un extranjero sobre «supuestas irregularidades cometidas con ocasión del ejercicio de funciones públicas», y que se había trasladado al fiscal para una investigación escrupulosa. La izquierda, especialmente Indalecio Prieto y Manuel Azaña, había recibido la información días antes y la utilizó para arremeter contra el gobierno.
Se formó una comisión parlamentaria que investigó el caso. El 28 de octubre de 1935, las Cortes votaron la culpabilidad de ocho miembros del Partido Radical:
| Implicado | Cargo | Sanción |
|---|---|---|
| Juan Pich i Pon | Subsecretario de Marina / Gobernador de Cataluña | Destituido |
| Aurelio Lerroux | Sobrino de Alejandro Lerroux | Exculpado (pero salpicado) |
| Rafael Salazar Alonso | Exministro de Gobernación | Exculpado (firmó el permiso) |
| Sigfrido Blasco-Ibáñez | — | Destituido |
| Eduardo Benzo | Exsubsecretario de Gobernación | Destituido |
| José Valdivia y Garci-Borrón | — | Destituido |
| Miguel Galante | — | Destituido |
| Santiago Vinardell | Periodista | Destituido |
Al día siguiente, Alejandro Lerroux abandonó el gobierno. Jurídicamente, la investigación judicial no prosperó porque la ruleta quedaba en un «vacío legal» y no se pudieron hallar responsabilidades penales. Sin embargo, el daño político era irreparable.
Consecuencias
El escándalo del estraperlo fue la dinamita que hizo saltar en pedazos al Partido Radical:
- Destruyó la carrera de Lerroux, que nunca se recuperó políticamente.
- Rompió la coalición entre el Partido Radical y la CEDA de Gil Robles.
- Debilitó gravemente al gobierno de Chapaprieta, que acabó cayendo un mes después con el caso Nombela.
- Precipitó las elecciones de febrero de 1936, donde el Partido Radical sufrió un descalabro histórico (solo 5 diputados y el 1,1% de los votos; ni siquiera Lerroux logró escaño).
- La victoria del Frente Popular en esas elecciones, en un clima de máxima polarización, desembocaría en la Guerra Civil.
Curiosidad final
Es una ironía histórica que un político como Lerroux, famoso por «apostar fuerte» en sus decisiones políticas, viera arruinada su carrera por un juego de azar trucado. Y es aún más curioso que el término que hoy usamos para el mercado negro de la posguerra —donde se comerciaba con el hambre de las familias españolas— provenga del nombre de una ruleta que nunca llegó a funcionar.
Matizaciones adicionales sobre el caso
Para garantizar el rigor histórico del relato sobre el escándalo del estraperlo, es necesario precisar ciertos detalles, mitos populares y vacíos legales que las investigaciones matizan:
- 📌 El nombre del socio: Existen discrepancias nominales en la literatura histórica. Algunas fuentes lo escriben como Perlowitz, otras como Perlo o simplemente Perl, por lo que no hay unanimidad sobre cuál es la grafía exacta y correcta.
- 📌 La «pelota de papel»: La conocida anécdota de que Lerroux hizo una pelota con la carta de Strauss y la tiró directamente a la papelera es catalogada formalmente como una «leyenda popular» por cabeceras como La Vanguardia. Al no tratarse de un hecho documentado, no debe presentarse como una verdad histórica irrefutable.
- 📌 Los relojes de oro: Aunque aparecen de forma recurrente en las crónicas como parte de los sobornos, la documentación oficial del Congreso de los Diputados señala que las facturas de dichos relojes no especificaban la identidad de los receptores. Por tanto, indiciariamente son llamativos, pero no constituyen una prueba concluyente.
⚖️ Responsabilidades políticas e implicación directa
La comisión parlamentaria concluyó que los esfuerzos por involucrar de manera directa a Alejandro Lerroux carecían de una base sólida. Las investigaciones presentan a Daniel Strauss como un «hábil burlador» que intentó implicar a una larguísima lista de personalidades públicas sin conexión real con el asunto. Así, aunque el escándalo hirió de muerte y destruyó políticamente al Partido Radical, la culpabilidad criminal directa de Lerroux nunca quedó probada.
Por su parte, los datos del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC), a través del historiador Nigel Townson, fijan con precisión la cronología parlamentaria: la comisión comenzó sus trabajos el 23 de octubre y las Cortes condenaron a los implicados el 28 de octubre (corrigiendo el día 26 citado erróneamente por otras fuentes). Lerroux y Rocha presentaron su dimisión formal al día siguiente, el 29 de octubre.
La clave del proceso
El «vacío legal»: El juez instructor del caso dejó patente en el sumario que el funcionamiento de la ruleta eléctrica quedaba encuadrado en un vacío legal, razón por la cual no se pudieron determinar responsabilidades penales. Este matiz es crucial: el escándalo del estraperlo fue una crisis netamente política y moral, no un proceso judicial con condenas penales.
Caso Nombela
El caso Nombela fue un escándalo de corrupción política que estalló en noviembre de 1935, durante el segundo bienio de la Segunda República Española, y que resultó decisivo para la caída definitiva del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux.
En qué consistió
El escándalo giró en torno a una indemnización fraudulenta a la Compañía de África Occidental, propiedad del empresario catalán Antonio Tayá. Esta compañía había obtenido un contrato público para conectar por barco la ruta entre Fernando Poo, Río Muni y Annobón (en la colonia española de Guinea Ecuatorial), pero el contrato fue cancelado en 1929 tras la pérdida de dos buques. En julio de 1935, el gobierno de Lerroux aprobó una indemnización de tres millones de pesetas a favor de Tayá por la rescisión del contrato.
El papel de Antonio Nombela
Antonio Nombela Tomasich (1900-1986) era un militar africanista, aviador condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando por su actuación en la guerra de Marruecos, que había sido nombrado Inspector General de Colonias en 1934. Cuando se le ordenó pagar la indemnización desde el tesoro colonial, Nombela se negó rotundamente, considerando que el expediente estaba resuelto de forma fraudulenta. Intentó denunciar el caso ante ministros de la CEDA como José María Gil Robles y Luis Lucía, pero el gobierno lo cesó el 26 de julio de 1935.
La denuncia parlamentaria
Nombela no se dio por vencido. Con el asesoramiento de José Antonio Primo de Rivera, redactó un largo memorándum que registró en las Cortes el 28 de noviembre de 1935, causando revuelo por el entramado de corrupción. Se formó una comisión de investigación y el debate parlamentario tuvo lugar la noche del 7 al 8 de diciembre de 1935. A diferencia del escándalo del estraperlo, en esta ocasión Alejandro Lerroux estaba directamente implicado, ya que como presidente del gobierno había firmado el expediente de indemnización. Durante el debate no pudo dar explicaciones convincentes, aunque finalmente fue exculpado en la votación.
Consecuencias políticas
El caso Nombela fue la puntilla para un gobierno ya debilitado por el escándalo del estraperlo:
- Dimisión de Lerroux: Alejandro Lerroux, que ya había dejado la presidencia del gobierno tras el estraperlo (conservando la cartera de Estado), tuvo que abandonar definitivamente la política. El Partido Radical quedó muerto políticamente.
- Ruptura de la coalición: La coalición conservadora formada por la CEDA, el Partido Radical y grupos menores se desintegró.
- Caída de Chapaprieta: Al día siguiente del debate del caso Nombela, el 8 de diciembre de 1935, Joaquín Chapaprieta presentó la dimisión como presidente del gobierno. En su nota de despedida se felicitaba por la gestión realizada durante los siete meses y medio que había ocupado el cargo.
- Elecciones de febrero de 1936: Los escándalos dinamitaron por completo la legitimidad del gobierno de centro-derecha (la coalición entre el Partido Radical y la CEDA). El Partido Radical, que había sido el eje moderador e institucional de la República, quedó destruido moralmente. Al caer el gobierno de Joaquín Chapaprieta y fracasar los intentos posteriores de formar un gabinete estable, el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, se vio obligado a disolver las Cortes y convocar elecciones anticipadas para febrero de 1936, al haberse agotado las vías parlamentarias. Las elecciones que ganó el Frente Popular, en un ambiente de máxima polarización, desembocaría en la Guerra Civil.
La sombra de Alcalá-Zamora
Como en el caso del estraperlo, se sospecha que el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, tuvo un papel destacado en el affaire. Es probable que animara a Nombela a presentar su denuncia ante las Cortes, ya que planeaba quedarse con el espacio político del centro-derecha una vez terminara su mandato. El propio Nombela reconoció mucho después, en una entrevista al diario Arriba en 1968, que un "alto cargo" le abrió las puertas para que su denuncia llegara al Parlamento, aunque se negó a desvelar su identidad en su momento.
En resumen, el caso Nombela fue un episodio de corrupción colonial que, aunque menos conocido que el estraperlo, tuvo consecuencias políticas igualmente devastadoras y contribuyó decisivamente al hundimiento del régimen republicano.
Crisis institucional: Los escándalos de 1935 y la caída de Chapaprieta
Los escándalos del estraperlo y del caso Nombela afectaron a Joaquín Chapaprieta de manera decisiva, aunque de forma indirecta: él no estaba implicado a nivel personal en ninguno de los dos fraudes, pero se convirtieron en la causa fulminante de su caída como presidente del gobierno y en el detonante del hundimiento del sistema político que lo sostenía.
El estraperlo (octubre de 1935)
Cuando el escándalo estalló públicamente el 19 de octubre de 1935, Chapaprieta llevaba apenas tres semanas al frente del Consejo de Ministros (había accedido al cargo el 25 de septiembre). El ejecutivo que presidía se sustentaba sobre una coalición entre la CEDA de Gil Robles y los radicales de Alejandro Lerroux; precisamente, el escándalo de la ruleta trucada golpeaba el corazón de sus socios de gobierno.
La presión política y social fue inmediata. La oposición de izquierdas, liderada por Indalecio Prieto y Manuel Azaña, capitalizó el asunto para arremeter contra el gabinete. El 28 de octubre, las Cortes destituyeron a ocho miembros del Partido Radical implicados y, al día siguiente, el propio Lerroux dimitió como ministro de Estado. Aunque Chapaprieta intentó salvar la coalición reconfigurando su gabinete el 29 de octubre, este segundo gobierno nació herido de muerte: sin la figura de Lerroux y con el Partido Radical completamente desacreditado, la CEDA de Gil Robles adquirió un peso desproporcionado, dañando colateralmente la imagen de neutralidad del presidente.
El caso Nombela y la dimisión (diciembre de 1935)
Apenas un mes después, el 7 de diciembre de 1935, estalló el segundo y definitivo escándalo. Durante la noche del 7 al 8 de diciembre, las Cortes Generales debatieron con dureza la denuncia del funcionario Antonio Nombela respecto a una indemnización presuntamente fraudulenta a la Compañía de África Occidental. A diferencia del estraperlo, en esta ocasión Alejandro Lerroux estaba directamente salpicado al haber firmado el expediente de pago de tres millones de pesetas durante su etapa como presidente.
El debate parlamentario resultó demoledor y Lerroux no pudo ofrecer explicaciones solventes. Pese a que formalmente fue exculpado en la posterior votación, el descrédito moral del Partido Radical fue absoluto. Ante la imposibilidad manifiesta de gobernar con un socio liquidado políticamente, Joaquín Chapaprieta presentó su dimisión el 8 de diciembre de 1935. En su nota formal de despedida se felicitó por el rigor de su gestión económica, pero la realidad institucional hacía insostenible su continuidad.
📉 El colapso de la coalición de centro-derecha
La caída de Chapaprieta supuso el fin definitivo del bloque CEDA-Radical. Al fracasar Gil Robles en su intento de formar un nuevo ejecutivo, el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, encargó el 14 de diciembre la formación de un gobierno de concentración a Manuel Portela Valladares. En este gabinete provisional, Chapaprieta aceptó asumir la cartera de Hacienda por última vez, desempeñando el cargo apenas dos semanas, hasta el 30 de diciembre de 1935.
Consecuencias a largo plazo para Chapaprieta
La onda de choque de estos escándalos ajenos reconfiguró por completo el destino personal y político del político alicantino:
- ✓ Fin de su carrera ejecutiva: Nunca más volvió a formar parte de un Consejo de Ministros. Aunque concurrió a las elecciones de febrero de 1936 bajo las siglas del Partido Republicano Independiente de Alicante, el triunfo del Frente Popular transformó de raíz el escenario estatal.
- ✓ El exilio y la posguerra: El estallido de la Guerra Civil le sorprendió en el extranjero, lo que le permitió evitar la violencia de la contienda. A su regreso, optó por un discreto «exilio interior» en Madrid, donde ejerció la abogacía alejado de la actividad política del régimen franquista, alternando su residencia con estancias de descanso en la finca familiar de «El Raso», ubicada en Guardamar del Segura.
- ✓ Un legado condicionado: A pesar de mantener una trayectoria personal administrativamente intachable, su presidencia quedó ligada en la historiografía al turbulento colapso institucional de la Segunda República, marcado por el descrédito de sus socios parlamentarios.
Balance del historiador
En suma, Chapaprieta ejerció como víctima colateral de la corrupción de sus aliados políticos. Su ambicioso y técnicamente avanzado proyecto hacendístico quedó sepultado bajo el peso de los escándalos. Como bien reflejó Gil Robles en sus memorias, los «intereses heridos se desataron unánimes, desde posiciones ideológicas muy distintas, en un feroz estallido de incomprensible egoísmo», dejando al político alicantino en el centro exacto de la tormenta perfecta.