lunes, 14 de septiembre de 2026

Pequeño homenaje a los palomeros de la Vega Baja

Palomo
Imagen IA: Palomo

Un cuento de palomos: pequeño homenaje a los palomeros de la Vega Baja

Hay relatos que llegan sin pedir permiso y se quedan. Este nos lo envía Juan Mora, nacido en Formentera del Segura, como un pequeño homenaje a los palomeros del pueblo: a mi padre, a los amigos que discutían a gritos en la mota del río y a todos los que, domingo tras domingo, seguían con los ojos el vuelo de sus palomos sobre la huerta. Lo dejamos aquí, tal y como él lo contó.

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La tarde de la discusión

Te voy a contar un pequeño cuento, valga la redundancia, que podemos dedicar a tu padre y a otros palomeros del pueblo.

Hace unos cuantos años, un atardecer de enero o de febrero. Viento frío de arriba, así nombran los paisanos al norte.

En la mota del río unos jóvenes y otros menos jóvenes discuten acaloradamente que si mi Magaño es mejor que tu Petete, que no vale una mierda, que si... y que si... Desde la mota se divisa muy bien la huerta y las evoluciones en el vuelo de los palomos. Los gritos van en aumento, parece que van a llegar a las manos. Y por si faltaba algo, el griterío se mezcla con la voz aún más estridente de Matías Prats retransmitiendo a todo volumen (imagino) el Barça-Madrid en un transistor que lleva uno de ellos.

Tarde habitual de domingo invernal para los colombófilos, que escucho y oigo desde mi casa de la huerta casi en ruinas.

El hallazgo tras la casa

Se apaga el día y el guirigay de los de la suelta. Baja el termómetro. Me dispongo a coger el camino para el pueblo: la chimenea espera. Pero de la esquina del pequeño huerto, tras la casa, me llega como un sonido de aleteo. Me acerco y, entre el vallado de cañas y el pie de un granado, entre la broza, encuentro unos cinco o seis pintarrajeados palomos que picotean a otro que porta la pluma blanca en la cola. Reconozco de inmediato la marca de la paloma.

¡Joder, me digo, eso no es amor, es acoso!

Pero ya no queda luz y uno de los mayores enemigos de los enamorados comienza su actividad: la rata. Las hay a cientos en el río y tierras limítrofes. Las veo moverse ágiles como funambulistas por los finos cables del telégrafo.

No lo pienso dos veces. Saco dos colmenas vacías de la casa, cojo a la troupe y las coloco en ellas.

Las abejas de rara raza

Al día siguiente, vi a Paco el Curro, pariente mío, posiblemente el palomero más notable del pueblo.

—Paco —le digo—, ayer os entraron todos los palomos.

—Qué va, qué va, chico, los mejores no han vuelto.

—Ven conmigo, vamos a ver dos colmenas de una rara raza de abejas.

Le tengo que insistir para que me acompañe. Al final cede.

Y para abreviar, porque no quiero parecer, como el Buscón Pablos, "prolixo", te pido que imagines la cara que puso cuando vio vivitos y aleteando a sus queridos bichitos.


Desde el paraíso de los palomos

Y no te digo más: seguro que desde el paraíso de los palomos están sonriendo por el cuento...

  • Mi pariente Curro
  • Pepe el Lipulla, alto, flaco como un carrizo y el más chillón de todos
  • El bueno del tío Pedro de Elche
  • Y tu padre, don José, el maestro de Guardamar

    Pasa una buena tarde.


Gracias, Juan, por compartir este relato tan vivo y tan lleno de cariño. Es un homenaje precioso a los palomeros de la Vega Baja y a toda una manera de vivir el pueblo, la huerta y las tardes de domingo.


🕊️ Mi padre, José González Alarcón, y sus palomas

Escrito por su hija

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Mi padre era maestro de escuela, y siempre digo que tuvo dos aulas en la vida: una con pizarras y niños, y otra con palomos y cielo. Cuando salía de clase, en lugar de descansar, se iba directo a sus palomos. De jornada doble, decían algunos; pero él lo veía como una sola vocación: enseñar. Porque en el palomar también había mucho que enseñar, y él lo sabía.

Cuando era pequeña, yo no entendía por qué mi padre pasaba tanto tiempo mirando el cielo. Él decía que había que saber leerlo, que cada vuelo de palomo contaba una historia. Con los años he aprendido que aquellas tardes mirando el cielo no eran un pasatiempo: eran su manera de entender el mundo.

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📜 Una vida dedicada a la colombicultura

Mi padre no fue nunca un aficionado cualquiera. En 1965 aprobó el Primer Curso de Inspectores Provinciales de Colombicultura, una de las primeras personas cualificadas en toda España para velar por la limpieza y el orden de esta afición. Y durante muchos años trabajó para la Federación Alicantina, en la época en la que la presidía Vicente Jorro Mayans. Yo lo veía llegar a casa con las manos llenas de polvo de los palomares ajenos, con sus papeles y sus anotaciones. Inspector, árbitro, dirigente… no eran títulos para él: eran responsabilidades.


✦ Gracias a hombres como él, la afición dejó de ser una tradición de los años cuarenta, de la época de Manuel Pérez García, y se convirtió en una sociedad organizada, respetada y plenamente integrada en la estructura federativa. Él nos enseñó que la colombicultura no era cosa de un pueblo aislado, sino una red de personas honestas que unía la Vega Baja entera.

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🌿 Sus dos principios: la palabra dada y la pureza del vuelo

Mi padre creía en dos cosas por encima de todo: en la palabra dada y en la pureza del vuelo. Decía que un colombicultor sin palabra era como un palomo sin rumbo. Por eso juzgaba con rigor, arbitraba con justicia y enseñaba con paciencia a los más jóvenes.

Hoy, cuando miro al cielo de Guardamar y veo una bandada pasar, no puedo evitar sonreír. Sigo sintiendo que él está ahí, leyendo el cielo como siempre. Su legado no está solo en los concursos que organizó ni en las medallas que entregó, sino en todas aquellas personas de la Vega Baja que, gracias a su entrega, aprendieron que volar alto exige raíces firmes y un corazón limpio.

Con todo mi cariño y mi orgullo, papá.

Tu hija.



Nosotros hemos hecho una búsqueda para ver que encontramos sobre el origen de la colombicultura en nuestra tierra. El resultado se expone a continuación.

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🕊️ Historia de la colombicultura en la Vega Baja

De las antiguas palomas buchonas al deporte organizado: tradición, sociedades y campeonatos

La colombicultura forma parte de la cultura deportiva tradicional de la Vega Baja del Segura. Durante generaciones, los palomares han acompañado la vida de muchos pueblos de la comarca y los colombaires han convertido la cría, selección, adiestramiento y vuelo de los palomos en una actividad deportiva, social y, en muchos casos, familiar.

Sin embargo, la historia de la colombicultura en la Vega Baja no comienza propiamente en la comarca. Sus raíces se encuentran en una tradición mucho más antigua, desarrollada especialmente en el territorio valenciano, que con el tiempo se extendió y arraigó con enorme fuerza en la Vega Baja.

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📜 De las antiguas palomas buchonas al deporte

La cría y el vuelo de palomas tienen una larga tradición en la Península. En el territorio valenciano existen antecedentes históricos de regulación de las palomas buchonas desde el siglo XVIII. En 1754, en la entonces villa de San Felipe —la actual Xàtiva—, aparecen normas relacionadas con el vuelo de estas palomas.

Aquella actividad todavía estaba lejos de constituir el deporte organizado que conocemos actualmente. Se trataba de una afición basada en la cría, selección y vuelo de determinadas palomas, especialmente de las llamadas buchonas.

El proceso de transformación de esta tradición en una actividad deportiva reglamentada se produjo fundamentalmente en Valencia durante las primeras décadas del siglo XX. En 1908 se publicó una nueva regulación gubernativa sobre la práctica de la paloma deportiva o buchona-laudina, que fue ampliada y matizada en 1914. Ese mismo año se constituyó en Valencia la primera Sociedad de Colombicultura.

El paso decisivo llegó el 22 de agosto de 1925. En esa fecha se regularizó el sellado de ejemplares, se establecieron normas para la competición y la tenencia de palomos deportivos y se constituyó la Federación Regional Valenciana de Colombicultura, que ya agrupaba a más de ochenta sociedades locales.

✦ Por ello, no sería exacto decir que la colombicultura nació en 1925. La práctica era mucho más antigua. Lo que ocurrió entonces fue su institucionalización y transformación en un deporte organizado y reglamentado.

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🗺️ La llegada y expansión por la Vega Baja

La proximidad de la Vega Baja al territorio valenciano y a la Región de Murcia favoreció que esta tradición se extendiera por la comarca.

La documentación disponible demuestra que la colombicultura estaba ya organizada en Orihuela durante la Segunda República. Una investigación sobre la prensa y la sociedad de la Vega Baja durante ese periodo menciona expresamente una Sociedad de Colombicultura de Palomos Buchones y la sociedad «El Oriol» de palomos deportivos, que desapareció en 1935.

Este dato es especialmente importante porque permite afirmar documentalmente que la colombicultura organizada ya estaba presente en la Vega Baja en los años treinta.

No obstante, todavía no podemos determinar con seguridad cuál fue la primera sociedad colombicultora de toda la comarca. Para ello sería necesario localizar las actas de constitución y los registros de las distintas sociedades locales. Por tanto, sería precipitado atribuir ese primer puesto a Orihuela, Dolores, Almoradí o cualquier otra localidad.

Lo que sí podemos afirmar es que, durante los años treinta, la colombicultura ya formaba parte de la vida deportiva de Orihuela y que su implantación comarcal continuó creciendo durante las décadas siguientes.

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📅 Los años cuarenta: una afición profundamente arraigada

La década de 1940 constituye un momento fundamental para entender la expansión de la colombicultura en la Vega Baja. En esos años la cría y vuelo de palomos deportivos ya habían dejado de ser una afición aislada. Existían sociedades, concursos y una red de aficionados que se extendía por diferentes municipios.

Un testimonio especialmente interesante procede del mundo colombicultor de Guardamar. Los recuerdos de Manuel Pérez García, conocido como Manolo «El de Guardamar», permiten reconstruir parte de aquella época y documentan competiciones en Almoradí, Torrevieja, Guardamar, Catral y Crevillente.

Su testimonio hace referencia, además, al célebre palomo El Triple, que consiguió victorias en Almoradí y Torrevieja y un segundo puesto en Guardamar.

La importancia de este testimonio reside en que muestra que la actividad colombicultora de la Vega Baja no se limitaba a pequeños concursos locales. Ya existía un circuito de competición entre diferentes poblaciones, con ejemplares de reconocido prestigio y un importante valor económico.

Otro testimonio, referido a Dolores, sitúa la tradición organizada de la localidad también en las primeras décadas del siglo XX. La tradición colombicultora de Dolores se ha mantenido hasta nuestros días y la localidad se ha convertido en uno de los escenarios importantes de la competición valenciana.

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🏘️ Formentera del Segura: un nuevo eslabón en la historia comarcal

La investigación permite incorporar también a Formentera del Segura a esta historia. El Ayuntamiento de la localidad informa de que el Club de Colombicultura San Miguel fue fundado en los años sesenta. No se proporciona todavía el año exacto de constitución, ni los nombres de sus fundadores, por lo que no es posible precisar más la fecha sin acudir a documentación histórica del propio club o a los archivos municipales.

El dato tiene importancia porque confirma que durante la década de 1960 la colombicultura ya había alcanzado también a este pequeño municipio situado en pleno corazón de la huerta tradicional de la Vega Baja.

Formentera del Segura es un municipio de apenas 4,3 kilómetros cuadrados, situado en la margen izquierda del Segura y tradicionalmente vinculado a la agricultura y a la huerta. Su posición, entre Almoradí y Rojales, y su proximidad a Daya Nueva, Daya Vieja, Benijófar y Guardamar, la situaban dentro de un territorio especialmente favorable para la expansión de las sociedades colombicultoras.

El Club San Miguel no fue una agrupación meramente testimonial. El Ayuntamiento señala que en la localidad se celebraron torneos comarcales e intercomarcales, y que el club llegó a organizar un campeonato comarcal clasificatorio para el Nacional.

La documentación federativa permite retroceder algo más en el tiempo. En el anuario de competición de 2011 aparecen ejemplares que habían participado en el Comarcal de Formentera del Segura de 2010, lo que demuestra que para entonces la localidad disponía ya de una estructura competitiva consolidada.

Y no se trata de una presencia aislada. La documentación de la Federación Colombicultora de la Comunitat Valenciana registra al Club Colombicultura Formentera del Segura-San Miguel dentro de la estructura intercomarcal, con 25 licencias en 2018. En el mismo documento aparecen otros clubes de la zona, como Algorfa-La Deseada, Benijófar-San Jaime, Daya Nueva-La Dayense y Guardamar-La Paloma.

✦ Esto permite observar algo muy significativo: para finales del siglo XX y comienzos del XXI, la colombicultura había formado en esta parte de la Vega Baja una auténtica red de sociedades locales, estrechamente conectadas entre sí mediante concursos comarcales e intercomarcales.

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🌾 El eje de la huerta: Formentera, Rojales, Daya y Almoradí

La presencia de Formentera del Segura ayuda a comprender mejor cómo se produjo la expansión territorial de la colombicultura. No se trataba únicamente de grandes poblaciones. El deporte arraigó también en pequeños municipios agrícolas, donde los palomares podían integrarse fácilmente en las casas y explotaciones de la huerta.

La documentación federativa de las últimas décadas muestra precisamente una concentración de clubes en esta zona: Formentera del Segura, Benijófar, Daya Nueva, Guardamar, San Fulgencio, Heredades y Algorfa, junto con los núcleos de Rojales y Almoradí.

En los anuarios aparecen además competiciones de Formentera relacionadas con las de Daya Nueva, Heredades, Rojales, San Fulgencio y San Miguel de Salinas. Un ejemplo particularmente ilustrativo aparece en el anuario de 2015. Varios ejemplares que competían en diferentes campeonatos de la Vega Baja habían participado también en el Comarcal Copa Federación de Formentera del Segura, demostrando la conexión competitiva entre las distintas sociedades de la comarca.

La colombicultura había dejado de ser, por tanto, una suma de aficiones locales. Existía una red territorial de competición.

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🐦 El palomo deportivo valenciano

El protagonista de esta historia es el palomo deportivo o palomo de pica. La modalidad consiste en soltar una hembra, denominada suelta, identificada tradicionalmente mediante una pluma blanca en la cola. Los machos participantes intentan conquistarla y atraerla, y los jueces valoran aspectos como el celo, la constancia y la habilidad del palomo en sus maniobras de seducción.

La competición dio lugar a una auténtica cultura alrededor del palomo: selección de líneas, cría, entrenamiento, conocimiento de las características de cada ejemplar, intercambio y compraventa de palomos y, sobre todo, una fuerte rivalidad entre aficionados y sociedades.

Durante la segunda mitad del siglo XX, el palomo deportivo valenciano quedó sólidamente asentado en la comarca. El palomo no era solamente un animal de competición. Para el colombaire era el resultado de años de selección, observación y experiencia. De ahí que determinados ejemplares alcanzaran un prestigio que trascendía la localidad donde habían sido criados.

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🏷️ Palomos de pica y palomos de raza

Aunque en el lenguaje cotidiano se hable de colombicultura como si se tratara de una única actividad, existen diferentes especialidades.

  • La primera, y probablemente la de mayor arraigo histórico en la Vega Baja, es la competición con palomos deportivos o de pica.
  • La segunda corresponde a la cría y exposición de palomos de raza buchona, en la que adquieren especial importancia las características morfológicas, genéticas y de vuelo de los ejemplares.

Entre las razas y tipos vinculados al ámbito levantino encontramos el Buchón Valenciano y el Morrillero Alicantino, además de otros tipos de buchones y laudinos presentes en el ámbito de la colombicultura española.

✦ Esta distinción es importante para estudiar la Vega Baja porque la historia tradicional de la comarca parece estar especialmente ligada al palomo deportivo de pica, mientras que la selección y exposición de razas constituye una línea complementaria que adquirió mayor desarrollo posteriormente.

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🏠 Los palomares, parte del paisaje de la comarca

El desarrollo de la colombicultura estuvo estrechamente relacionado con la propia estructura territorial de la Vega Baja. La huerta, las casas rurales, las azoteas y las construcciones agrícolas ofrecían espacios adecuados para instalar palomares. Al mismo tiempo, el territorio abierto de la comarca permitía que los palomos realizaran sus vuelos y que los aficionados pudieran seguir sus evoluciones.

La colombicultura no necesitaba un estadio ni una instalación deportiva convencional. El terreno de competición era el propio paisaje: tejados, árboles, caminos, huertas, edificios y campos. Esta característica contribuyó probablemente a su extraordinaria difusión entre las poblaciones de la Vega Baja.

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👨‍👩‍👦 Una cultura transmitida entre generaciones

La colombicultura de la Vega Baja no puede entenderse únicamente como un deporte. Durante décadas fue también una forma de transmisión de conocimientos entre padres, hijos, hermanos y amigos. El joven que comenzaba acompañando a un familiar al palomar aprendía progresivamente a reconocer los ejemplares, cuidar las palomas, seleccionar los reproductores, interpretar el comportamiento de un palomo y seguir una competición.

Esa transmisión generacional explica en buena medida la supervivencia de la afición. El testimonio de los colombaires veteranos resulta, por ello, fundamental. En localidades como Dolores, Guardamar, Formentera del Segura, Almoradí, Torrevieja u Orihuela todavía sería posible reconstruir una parte importante de esta historia mediante entrevistas a antiguos socios y propietarios de palomares.

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🏆 De los concursos locales a los campeonatos

La evolución del deporte llevó progresivamente a una estructura mucho más organizada. Las sociedades locales pasaron a integrarse en las estructuras federativas y los concursos fueron adquiriendo diferentes niveles: locales, comarcales, provinciales, autonómicos y nacionales.

La Vega Baja ha mantenido una presencia constante en este circuito. Formentera del Segura es un buen ejemplo. Además de su actividad local, su Club San Miguel ha organizado concursos comarcales e intercomarcales y ha participado en la estructura federativa de la Comunidad Valenciana.

La documentación federativa muestra asimismo cómo los mismos palomos podían participar sucesivamente en concursos de Formentera, Daya Nueva, Heredades, San Fulgencio, Rojales, Torrevieja, San Miguel de Salinas o Cox, configurando un verdadero calendario deportivo de la Vega Baja y su entorno.

Dolores constituye otro de los ejemplos más evidentes de esta continuidad. La localidad ha acogido importantes competiciones autonómicas y nacionales, confirmando la relevancia alcanzada por la comarca dentro de la colombicultura valenciana.

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🏅 Dolores y la consolidación contemporánea

Dolores ha mantenido una tradición colombicultora especialmente fuerte. En las últimas décadas la localidad ha sido escenario de campeonatos de importancia autonómica y nacional. Esta evolución culminó con la celebración en 2025 de un campeonato nacional de palomos deportivos, situando nuevamente a la Vega Baja en el centro de la colombicultura española.

El hecho de que una localidad de la comarca pueda acoger una competición de ámbito nacional es significativo: demuestra la distancia recorrida desde aquellos primeros concursos locales de mediados del siglo XX.

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🕸️ Una red colombicultora de la Vega Baja

La información disponible permite empezar a dibujar un mapa histórico de la colombicultura comarcal.

  • Orihuela representa, hasta ahora, la referencia más antigua documentada: existen sociedades de palomos buchones y deportivos durante la Segunda República.
  • Almoradí, Torrevieja, Guardamar y Catral aparecen vinculados a competiciones ya en los años cuarenta.
  • Dolores conserva una tradición especialmente antigua y continuada.
  • Formentera del Segura incorpora una estructura organizada al menos desde los años sesenta, con el Club de Colombicultura San Miguel, que posteriormente participará activamente en la competición comarcal e intercomarcal.
  • Rojales, Daya Nueva, Benijófar, San Fulgencio, Heredades y otras localidades completan posteriormente una densa red de clubes y concursos.

No estamos, por tanto, ante una tradición concentrada en un único municipio. Lo que se desarrolló fue una auténtica cultura colombicultora comarcal, formada por numerosas sociedades locales conectadas mediante la competición.

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❓ Una historia todavía por completar

A pesar de todo lo que ya podemos reconstruir, la historia de la colombicultura en la Vega Baja todavía tiene páginas por investigar. Sabemos que Orihuela contaba con sociedades colombicultoras antes de 1935. Sabemos que durante los años cuarenta la competición estaba extendida por numerosas localidades. Sabemos que Dolores, Almoradí, Torrevieja, Guardamar y Catral tuvieron una actividad importante. Y sabemos que el Club de Colombicultura San Miguel de Formentera del Segura fue fundado en los años sesenta, convirtiéndose posteriormente en una pieza más de la red de sociedades de la comarca.

Pero todavía quedan preguntas fundamentales:

  • ¿Cuál fue exactamente la primera sociedad colombicultora de la Vega Baja?
  • ¿En qué año se constituyó?
  • ¿Quiénes fueron sus fundadores?
  • ¿Cuándo comenzaron a utilizarse las primeras anillas federativas en la comarca?
  • ¿Quiénes fueron los primeros grandes colombaires de Orihuela, Almoradí, Dolores, Guardamar, Torrevieja y Formentera del Segura?
  • ¿Cómo evolucionaron los palomos criados en la comarca?
  • ¿Qué relación existía entre las sociedades de la Vega Baja y las de Murcia y Valencia?

Responder a estas preguntas exige acudir a los archivos municipales, las hemerotecas de prensa local y provincial, los libros de actas de las antiguas sociedades y las publicaciones históricas de las federaciones.

Porque la historia de la colombicultura en la Vega Baja no está solamente en los reglamentos federativos. Está también en los nombres de los colombaires, en los antiguos palomares, en los concursos celebrados los domingos y en aquellos palomos que, durante décadas, fueron conocidos y recordados mucho más allá del municipio donde habían sido criados.

La colombicultura forma parte de la memoria social y deportiva de la Vega Baja del Segura. Y Formentera del Segura demuestra que esa memoria no pertenece únicamente a las grandes poblaciones: también está escrita en los pequeños municipios de la huerta, donde durante décadas los palomares, las sociedades y los concursos formaron parte de la vida cotidiana.

Reconstruir esta historia significa recuperar una parte de la memoria colectiva de los pueblos de la Vega Baja.



✦ ❧ · · · La memoria de un pueblo también se escribe con el vuelo de sus palomos · · · ❧ ✦

14 de septiembre de 2026 · Relatos y tradiciones de la Vega Baja

Rosa María González · Prompt engineer · Maquetador/Diseñador web

✦ ❧ · · · gracias por leer · · · ❧ ✦

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