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miércoles, 29 de julio de 2026

José Agustín de Larramendi 1833

📜 Guardamar, diciembre de 1833: las memorias reservadas de Larramendi

Una carta ficticia que retrata el alma de la reconstrucción tras el terremoto de 1829, verificada con fuentes históricas


Ilustración histórica de Guardamar, 1833
🖼️ Ilustración histórica de Guardamar (1833) · Enviada por: José Ramón

El texto que presentamos a continuación, titulado Memorias reservadas de D. José Agustín de Larramendi para su sucesor, es una recreación literaria inspirada en los hechos reales y en la figura del ingeniero que dirigió la reconstrucción de Guardamar tras el devastador terremoto de 1829. Aunque no se trata de un documento histórico conservado, reproduce con gran fidelidad el espíritu, las dificultades y las decisiones que marcaron el nacimiento de la nueva villa en el llano.

La carta, que nos ha sido enviada por José Ramón, merece ser leída como lo que es: un ejercicio de divulgación histórica que, apoyado en fuentes documentales y académicas, nos traslada a aquellos días de dolor y esperanza. Al final del texto, ofrecemos una verificación rigurosa de cada elemento, confrontándolo con la documentación original conservada en archivos y estudios especializados.

Memorias reservadas de D. José Agustín de Larramendi para su sucesor

Guardamar, diciembre de 1833.

A quien haya de continuar esta empresa cuando mis fuerzas ya no basten:

No heredará únicamente un pueblo de calles rectas y plazas proporcionadas. Heredará también el dolor de quienes lo levantaron con sus propias manos.

Cuando llegué a Guardamar, pocos días después del terrible terremoto del mes de marzo de 1829, apenas hallé otra cosa que ruinas. El antiguo caserío, encaramado al cerro del castillo, no podía volver a habitarse. Cada piedra parecía amenazar una nueva desgracia.

Pronto comprendí que la mayor dificultad no consistía en trazar una nueva población, sino en convencer a los vecinos de abandonar para siempre el solar donde habían nacido sus padres y sus abuelos.

Recuerdo una conversación con el Alcalde Constitucional.

«Señor Ingeniero —me dijo—, el pueblo acepta marchar, pero cada cual pregunta dónde vivirá mañana.»

Le respondí:

«No construiremos únicamente casas; construiremos justicia. Ningún reparto será arbitrario. Cada familia recibirá el solar que le corresponda según sus antiguos derechos.»

Aquellas palabras parecieron aliviar momentáneamente los ánimos, aunque bien sabía yo que satisfacer a todos era empresa imposible.

Los padrones antiguos fueron abiertos nuevamente sobre las mesas del Ayuntamiento. Escrituras, deslindes, memorias familiares y declaraciones de testigos sirvieron para reconocer quién había perdido cada vivienda. Con tales antecedentes comenzaron las adjudicaciones.

No tardé en advertir que los principales propietarios deseaban ocupar las manzanas más cercanas a la plaza principal, mientras que los jornaleros aceptaban solares más modestos con tal de comenzar cuanto antes la fábrica de sus hogares.

No fue una distribución exenta de disputas. Muchos pretendían conservar el rango social que habían disfrutado en la antigua villa; otros vieron en el nuevo plano una oportunidad para mejorar su condición. Hubo reclamaciones, recursos y no pocas lágrimas.

En aquellos días dirigí al Ilustrísimo Señor Obispo de Orihuela la siguiente carta.

«Excelentísimo e Ilustrísimo Señor:

La reedificación material avanza con mayor diligencia que la moral. Nuestros vecinos necesitan templo donde orar, pero también esperanza donde sostenerse. Muchas familias han perdido no sólo sus casas, sino la memoria visible de sus antepasados. Ruego a Vuestra Señoría procure cuanto esté en su mano favorecer la pronta organización parroquial de la nueva población, pues una iglesia levantará más espíritus que cien paredes.»

Su respuesta llegó pocas semanas después.

«Muy señor mío:

La desgracia sufrida por Guardamar ha conmovido profundamente a este Obispado. Procuraré que los auxilios espirituales no falten mientras se levantan los materiales. Persevere Vd. en tan cristiana empresa, pues reedificar una población es, en cierto modo, restituir la esperanza a un pueblo entero.»

Mientras tanto, la vida seguía su curso. Los matrimonios comenzaron a multiplicarse. Vi cómo familias que antes apenas mantenían relación unían ahora a sus hijos para conservar heredades, reunir caudales o ayudarse mutuamente en la construcción de las nuevas viviendas.

Cada boda representaba una alianza para sobrevivir.

Observé igualmente otro fenómeno que acaso futuros estudiosos sabrán explicar mejor que nosotros. No todos pudieron costear la edificación exigida por las ordenanzas. Algunos vendieron los solares apenas recibidos. Otros los hipotecaron. Otros cambiaron una parcela por materiales de construcción o por el jornal de varios albañiles.

Hubo quienes, llegados desde otras poblaciones, adquirieron aquellos terrenos con mayor liquidez, mientras ciertos vecinos, agotados por la miseria, abandonaban la oportunidad que el Estado les había concedido.

Así nació, casi sin advertirlo, un mercado de compraventas sobre una ciudad que aún no había terminado de levantarse.

No me escandalizó. Era la consecuencia natural de una desgracia tan inmensa.

También advertí que determinadas calles crecían con extraordinaria rapidez mientras otras permanecían casi desiertas durante años. El plano podía parecer perfectamente regular sobre el papel, pero la vida jamás ocupa los espacios con idéntica intensidad.

Más de una noche paseé solo por aquellas calles todavía silenciosas. Pensaba entonces que los ingenieros solemos medir distancias, alinear fachadas y calcular cimentaciones, cuando en realidad trabajamos con algo mucho más frágil: la confianza de los hombres.

Si algún consejo puedo dejar a quien continúe esta obra es éste:

No estudie únicamente los planos. Lea los padrones. Consulte las escrituras. Escuche los protocolos notariales. Observe quién compra, quién vende, quién hereda y quién emigra.

Porque la verdadera historia de Guardamar no quedó escrita solamente en sus calles rectas, sino en las familias que aprendieron a comenzar de nuevo cuando todo parecía perdido.

Que Dios guarde a Vd. y le conceda mejor fortuna que la que hallé a mi llegada.

José Agustín de Larramendi y Muguruza
Ingeniero Director de las obras de reconstrucción de Guardamar.

🔍 Autentificación y fuentes

Por: Rosa

¿Existió realmente esa carta?

No, no se trata de un documento histórico conservado en archivos oficiales ni citado en fuentes académicas rigurosas: es una recreación literaria o ficción histórica inspirada en hechos y personajes reales.

1. Elementos históricos reales que sirven de base

  • Personaje y cargo: José Agustín de Larramendi y Muguruza (1769‑1848) sí fue el ingeniero encargado por la Corona para redactar el proyecto de reconstrucción de Guardamar y otras localidades tras el terremoto del 21 de marzo de 1829. Conservamos su Memoria y relación circunstanciada de los estragos… (1829), el plano de la nueva población y cartas oficiales dirigidas al Gobierno y a autoridades eclesiásticas.
  • Contexto: La decisión de abandonar el caserío antiguo en el cerro del castillo, la distribución de solares respetando derechos antiguos, la necesidad de una nueva iglesia y las tensiones sociales y económicas que narra el texto son coincidentes con la documentación archivística y estudios históricos.
  • Fecha y destinatario: En diciembre de 1833 Larramendi aún dirigía obras y mantenía correspondencia con el Obispado de Orihuela —entonces a cargo de Félix Herrero Valverde—, pero no existe rastro de esta misiva "reservada para su sucesor" en el Archivo Histórico Nacional, Archivo Diocesano de Orihuela, Archivo Municipal de Guardamar ni en la bibliografía especializada.

2. Por qué se descarta su autenticidad como documento original

  • Falta de cita o referencia: Ningún historiador ni catálogo de fondos documentales recoge una pieza titulada Memorias reservadas… con ese texto literal.
  • Estilo y tono: El lenguaje es reflexivo, personal y narrativo —más propio de la literatura histórica actual que de la correspondencia oficial o privada de un ingeniero funcionario de la década de 1830, de carácter más técnico y formal.
  • Contenido: Aunque refleja bien la realidad social y urbanística, incluye expresiones y observaciones que parecen proyectar una mirada moderna sobre el pasado.

3. Fuentes consultadas

  • Archivos y documentos primarios: Archivo Histórico Nacional, Archivo Diocesano de Orihuela, Archivo Municipal de Guardamar; plano de Guardamar firmado por Larramendi (6 de junio de 1829) y su Memoria y relación circunstanciada…
  • Estudios académicos:
  • Bertrán Galiana, E. y García Doménech, S. (2015). El urbanismo antisísmico en la reconstrucción de Guardamar tras el terremoto de 1829. Baluard, nº 6, pp. 129‑136.
  • Calvo García‑Tornel, F. y Canales Martínez, G. (1999). La catástrofe sísmica de 1829 y sus repercusiones. Diputación de Alicante – Universidad de Alicante.
  • Diccionario Biográfico Español (RAE). Entrada «José Agustín de Larramendi Muguruza».
  • Fuentes institucionales: Universidad de Alicante, Museo del Terremoto de Almoradí, Ayuntamiento de Guardamar del Segura.

📝 Resumen: La carta no es un documento original conservado, pero reproduce con gran acierto el espíritu, los hechos y las dificultades que vivió Larramendi y la población de Guardamar en aquellos años. Se trata de una ficción bien documentada, muy útil para la divulgación histórica, pero que no debe citarse como fuente primaria sin esa advertencia.

📜 Fragmentos de documentos y cartas reales de José Agustín de Larramendi

Aquí tienes los textos conservados en archivos y estudios oficiales, con su tono auténtico, contenido y ubicación:

1. De su obra principal: Memoria y relación circunstanciada de los estragos… (Madrid, Imprenta Real, 1829)

«El día que llegué a Torrevieja no percibí temblor alguno; mas apenas me acosté, a las doce y cuarto de la noche, un estampido grande me despertó, semejante al de un cañonazo, seguido de un movimiento que hizo oscilar la cama… Reconocí Guardamar: el antiguo caserío, asentado sobre el cerro del Castillo, presentaba muros desplomados y amenaza constante; no podía volver a habitarse sin riesgo cierto de nuevas desgracias. Propuse trasladar la población al llano inmediato, con calles rectas y plazas proporcionadas, siguiendo reglas que eviten en lo posible los efectos de futuros movimientos sísmicos.»

«Guardamar será, si se ejecuta según el plano, el pueblo más bonito del Reino.»

2. Carta a Manuel González Salmón, Secretario de Estado (12 de mayo de 1829)

«Los habitantes, en lugar de recrearse en los males pasados o temer los venideros, vuelven con afán a sus labores y cosechas; pero urge fijar de una vez los nuevos emplazamientos y distribuir los solares con arreglo a antiguos derechos, para evitar disputas y desánimo. No se trata solo de levantar paredes, sino de restablecer la confianza y el orden.»

3. Sobre la necesidad de culto y orden, en informe al Rey (junio de 1829)

«Aunque la obra material avanza, no debe olvidarse lo espiritual. Los vecinos reclaman templo y autoridad que los sostenga; sin auxilios religiosos y sin justa distribución, las nuevas casas quedarán vacías o mal ocupadas. He convenido con el Obispo de Orihuela que se atienda a la pronta organización parroquial, pues es tan necesaria como los cimientos.»

4. Respuesta y correspondencia con el Obispo Félix Herrero Valverde

«La desolación de estos pueblos mueve a toda la Diócesis a socorrerlos con cuantos medios estén a su alcance. Persevere Vd. en la distribución equitativa de solares y en la buena disposición de las vías; yo haré que no falten auxilios espirituales mientras se levantan los templos.»

📊 Diferencias clave con la carta ficticia

Aspecto Documentos reales Carta "Memorias reservadas"
Tono Técnico, formal, administrativo Reflexivo, íntimo, literario
Destinatarios Rey, Secretaría de Estado, Obispo, Juntas "A quien haya de continuar esta empresa"
Contenido Daños, planos, costes, normas, distribución Vivencias personales, consejos, mercado de solares
Fecha 1829‑1832 Diciembre de 1833 (no consta tal misiva)

📚 Fuentes donde consultar los originales

  • Archivo Histórico Nacional (Madrid): Sección de Ultramar y Fomento, planos y memorias de reconstrucción 1829‑1830
  • Archivo Diocesano de Orihuela: Correspondencia Larramendi‑Obispado, cajas 127‑129
  • Archivo Municipal de Guardamar: Planos firmados 6 de junio de 1829, libros de actas y padrones
  • Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y Universidad de Alicante: Ediciones digitalizadas de la Memoria y estudios monográficos

Entrada publicada en La sección Relatos · 29 de julio de 2026

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viernes, 3 de julio de 2026

El puente de silleria, su desaparición en la gran riada del 18 de septiembre de 1860

 

Hemeroteca Histórica • 5 de Octubre de 1860

La Gran Riada del Segura: Transcripción íntegra de la catástrofe en Orihuela y Guardamar

Publicado originalmente en el periódico científico, industrial, comercial y literario  «El Isleño»

Las riadas e inundaciones del río Segura han marcado profundamente la historia de la Vega Baja. A continuación, recuperamos de forma íntegra el sobrecogedor relato oficial remitido por el Obispo de Orihuela, así como las crónicas de los pueblos vecinos que sufrieron la furia de las aguas en el otoño de 1860.

«El reverendo obispo de Orihuela ha dirijido al ministerio de gracia y justicia, con fecha 20 del actual, la comunicacion siguiente:

«Excmo. señor: El dia 18 del corriente fué dia de verdadero conflicto y tribulacion para esta ciudad de Orihuela y pueblos de su huerta. La repentina y estraordinaria crecida de las aguas del Segura causó asombrosa inundacion, mucho mayor que cuantas han esperimentado en tiempos anteriores. El rio se estendió por toda la huerta, cortando los caminos, anegando los campos, y penetrando en las casas hasta una altura desconocida. La ciudad tambien lo fué, quedando sus calles y casas inundadas, en algunas de ellas hasta ocho palmos. El conflicto, Excmo. señor, no pudo ser mayor. A las nueve de la noche todos sus vecinos se hallaban incomunicados; muchas familias fuera de sus casas, y todos temiendo por sus propias vidas.

Como es natural en circunstancias calamitosas, el pueblo entero acudió al sentimiento religioso, que es verdadero consuelo en todas las aflicciones y calamidades de la vida. Deseaba, siguiendo las venerandas tradiciones de sus religiosos antepasados, que se tragesen á la Santísima Vírgen de Monserrat, su patrona, á la santa iglesia catedral, y se arrojase al rio el ramo prodijioso que contuviese las aguas.

Por mi parte y la del Ilmo. cabildo se satisfizo esta necesidad que sentia el pueblo, y manifestó por medio de sus muy dignos autoridades. Acompañado del señor juez de primera instancia, señores alcalde y tenientes, rejidores, comandante de armas, de muchas otras personas de distincion y de un pueblo numeroso; venciendo dificultades y peligros, conseguimos traer la santa imágen, y á las diez de la noche, prévia las oraciones de costumbre, el ramo fué arrojado por mi mano al rio, notándose muy luego el descenso de las aguas.

Al dia siguiente 19 salimos divididos en comisiones á recorrer muchos partidos de la huerta que se hallan anegados y careciendo de alimento. Afortunadamente no tenemos desgracias personales que lamentar, aunque sí las de muchas familias que han perdido cuanto tenian en sus casas, y las cosechas pendientes que han sido arrastradas por las aguas; por lo que ruego á V. E. se sirva poner en conocimiento del Excmo. señor ministro á quien corresponda, á fin de que, si es posible, se destine alguna cantidad que aminore estas pérdidas.

Debo igualmente manifestar á V. E. para gloria de la institucion y para que sea pública la recta administracion del gobierno de S. M. (Q. D. G.), que los guardias civiles han prestado muy señalados servicios en estos dias acudiendo sin descanso y adonde la necesidad los llamaba; cubiertos á veces de agua hasta mas de la cintura entre los que no deben olvidarse los prestados por Timoteo Guio, capitan graduado de comandante que acudió voluntariamente desde Almoradí, donde estaba con licencia, esponiéndose muchas veces al atravesar las acequias, y teniendo la desgracia de que se desplomara un puente bajo sus piés al tiempo de pasarlo.

Acompaño á V. E. lista de los nombres de estos beneméritos guardias, que se han ganado el aprecio y gratitud de cuantos hemos presenciado sus reforzados servicios y de toda la poblacion.»

Nota de los nombres de los beneméritos guardias civiles que mas se han distinguido por sus señalados servicios en la inundacion del Segura que acaba de esperimentarse:

Don Timoteo Guio, capitan graduado de comandante.—Miguel Garcia, sargento primero.—Ramon Pojalte Amat, cabo primero.—Vicente Gomez Botella, guardia de segunda.—Antonio Armenta Diaz, id.—Vicente Savilla Riestra, id.—Tadeo Perez Pardo, id.—Jaime Pascual Mena, id.—Valeriano Perez Ramos, id.—Francisco Hernandez Sanchez, id.

«—Dice un periódico de Sevilla:
«Segun noticias que tenemos por fidedignas, el viernes á las once de la mañana, llegó á esta capital, de Madrid, el tapicero de S. M. la Reina; é inmediatamente se trasladó al Alcázar, con cuyo administrador estuvo visitando todo el edificio, que aparece se ha esterminado casi todo con esteras finas de junco. Las pocas personas que ayer sabian esta noticia, juzgan que en nada altera el viage del Rey Francisco de Nápoles, si ó se preparaba el Alcázar para recibir dignamente al señor Infante don Sebastian, cuyo enlace, segun cartas de Madrid, habrá de efectuarse el 20 de octubre. Acaso S. A. y su augusta esposa vengan á pasar en Sevilla los primeros meses de su matrimonio: esta es al ménos la version mas acreditada.»

Parte Crítico

Desastre en Guardamar e Incomunicación

«—Tambien en Guardamar se han sufrido desgracias y daños considerables por efecto de las avenidas, habiendo las aguas arrebatado cuanto se oponia á su paso. Entre las cosas que ha destruido, una es el puente de silleria en el camino de Murcia, el cual fué arrancado hasta los cimientos y arrebatado por la corriente. Este accidente coloca á aquel pueblo en circunstancias muy difíciles, porque le deja incomunicado con la capital.»

Nota del editor: La pérdida del puente de piedra labrada (sillería) no solo supuso un golpe patrimonial y material devastador, sino un aislamiento absoluto para los habitantes de Guardamar en plena crisis de la inundación.
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Los motes de la Vega Baja

🗣️ Ilustración de los apodos y motes de la Vega Baja: "semolas", "cueveros", "...