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jueves, 30 de julio de 2026

In memoriam de Mañogil: El secreto

Ilustración del secreto que Larramendi conoció en las ruinas de Guardamar, 1830
🗝️ Ilustración del secreto que Larramendi conoció en las ruinas de Guardamar · Fuente: José Ramón


Las heridas del espantoso terremoto aún respiraban entre las ruinas de Guardamar. Allí donde días antes se alzaban casas, capillas y muros de piedra, no quedaban sino montones de cascajo, vigas quebradas y el silencio de quienes habían perdido demasiado para hallar consuelo en las palabras.

Don José Agustín de Larramendi Muguruza, enviado para reconocer el estado de la villa y asistir a sus moradores, había pasado la jornada escuchando desventuras. Mas ninguna conversación habría de turbar tanto su ánimo como la que sostuvo, ya entrada la noche, con el anciano sacerdote.

El templo permanecía apenas en pie. Una lámpara de aceite derramaba su temblorosa claridad sobre las piedras agrietadas. El presbítero, hombre de canas abundantes y rostro consumido por los ayunos, hizo ademán de cerrar la puerta principal y, después de asegurarse de que nadie rondaba por las inmediaciones, habló en voz tan queda que parecía temer ser oído por las mismas paredes.

—Señor Larramendi... cuanto vais a escuchar no ha de salir jamás de vuestra conciencia.

El funcionario inclinó la cabeza.

—Hablad sin recelo, padre.

El anciano dudó unos instantes.

—No es un secreto mío, sino de cuantos sacerdotes han servido esta parroquia desde los tiempos en que la villa fue fundada por mandato del rey don Alfonso, llamado el Sabio. Cada párroco lo recibió del anterior, siempre en el más estricto secreto.

Con mano temblorosa tomó una vieja llave de hierro. Descendieron por una escalinata tan estrecha que apenas permitía el paso de un hombre. Al fondo se abría un reducido sótano excavado en la roca, oculto tras un muro de mampostería.

En un rincón descansaba un pequeño arcón de madera ennegrecida por los siglos. Al levantar la tapa, apareció un envoltorio confeccionado con una antigua piel de ternero, endurecida por el tiempo y atada con correas casi deshechas.

El sacerdote retiró lentamente las ataduras.

La primera pieza que mostró fue una espada curva de extraordinaria hechura. Su hoja conservaba un brillo extraño, inmune al óxido y al abandono, como si el tiempo hubiese respetado un metal desconocido para los herreros de aquellos siglos. La empuñadura aparecía cuajada de piedras preciosas, algunas verdes como el mar, otras rojas como la sangre recién vertida.

—Dicen los antiguos —murmuró el sacerdote— que perteneció a los mercaderes y príncipes venidos de Oriente, aquellos a quienes hoy llaman fenicios.

Junto a ella descansaba una copa magnífica, trabajada con delicadas incrustaciones de oro, plata y pequeñas gemas. El interior reflejaba la luz de la lámpara con un fulgor casi sobrenatural.

—Sobre esta copa —prosiguió— contaban nuestros mayores que se celebraban ritos antiquísimos, mucho antes de que la Cruz alumbrase estas tierras.

Por último extendió varias monedas de plata ennegrecidas por los siglos. En todas ellas podía distinguirse, aunque gastada, la representación de la diosa Tanit, acompañada de inscripciones incomprensibles para ambos.

Larramendi contempló aquellas reliquias sin pronunciar palabra.

—¿Cómo llegaron aquí?

—Nadie lo sabe con certeza. Sólo sé cuanto me enseñó mi antecesor, y a éste el suyo. Desde la fundación de la villa permanecieron ocultas en este escondrijo, para que la codicia de los hombres ni las supersticiones del vulgo las alcanzasen.

El anciano sacerdote guardó silencio largo rato. Después añadió, con voz aún más apagada:

—Pero el terremoto... ha cambiado mi corazón.

Larramendi levantó la vista.

—¿Qué queréis decir?

—Desde que la tierra rugió y sepultó tantas almas inocentes, no logro apartar de mi espíritu un pensamiento que me atormenta. Tal vez sea ignorancia; quizá simple superstición de viejo... mas temo que estos antiguos ornamentos constituyan per se alguna suerte de maldad…

📖 En memoria de D. José Mañogil, quien me mostró, cuando comencé el BUP, dos falcatas ibéricas, una de ellas en perfecto estado, y mi cerebro comenzó a trabajar...


Entrada publicada en La sección Historia · 30 de julio de 2026

Rosa María González · Prompt engineer · Maquetador/Diseñador web



Las heridas del espantoso terremoto aún respiraban entre las ruinas de Guardamar. Allí donde días antes se alzaban casas, capillas y muros de piedra, no quedaban sino montones de cascajo, vigas quebradas y el silencio de quienes habían perdido demasiado para hallar consuelo en las palabras.

Don José Agustín de Larramendi Muguruza, enviado para reconocer el estado de la villa y asistir a sus moradores, había pasado la jornada escuchando desventuras. Mas ninguna conversación habría de turbar tanto su ánimo como la que sostuvo, ya entrada la noche, con el anciano sacerdote.

El templo permanecía apenas en pie. Una lámpara de aceite derramaba su temblorosa claridad sobre las piedras agrietadas. El presbítero, hombre de canas abundantes y rostro consumido por los ayunos, hizo ademán de cerrar la puerta principal y, después de asegurarse de que nadie rondaba por las inmediaciones, habló en voz tan queda que parecía temer ser oído por las mismas paredes.

—Señor Larramendi... cuanto vais a escuchar no ha de salir jamás de vuestra conciencia.

El funcionario inclinó la cabeza.

—Hablad sin recelo, padre.

El anciano dudó unos instantes.

—No es un secreto mío, sino de cuantos sacerdotes han servido esta parroquia desde los tiempos en que la villa fue fundada por mandato del rey don Alfonso, llamado el Sabio. Cada párroco lo recibió del anterior, siempre en el más estricto secreto.

Con mano temblorosa tomó una vieja llave de hierro. Descendieron por una escalinata tan estrecha que apenas permitía el paso de un hombre. Al fondo se abría un reducido sótano excavado en la roca, oculto tras un muro de mampostería.

En un rincón descansaba un pequeño arcón de madera ennegrecida por los siglos. Al levantar la tapa, apareció un envoltorio confeccionado con una antigua piel de ternero, endurecida por el tiempo y atada con correas casi deshechas.

El sacerdote retiró lentamente las ataduras.

La primera pieza que mostró fue una espada curva de extraordinaria hechura. Su hoja conservaba un brillo extraño, inmune al óxido y al abandono, como si el tiempo hubiese respetado un metal desconocido para los herreros de aquellos siglos. La empuñadura aparecía cuajada de piedras preciosas, algunas verdes como el mar, otras rojas como la sangre recién vertida.

—Dicen los antiguos —murmuró el sacerdote— que perteneció a los mercaderes y príncipes venidos de Oriente, aquellos a quienes hoy llaman fenicios.

Junto a ella descansaba una copa magnífica, trabajada con delicadas incrustaciones de oro, plata y pequeñas gemas. El interior reflejaba la luz de la lámpara con un fulgor casi sobrenatural.

—Sobre esta copa —prosiguió— contaban nuestros mayores que se celebraban ritos antiquísimos, mucho antes de que la Cruz alumbrase estas tierras.

Por último extendió varias monedas de plata ennegrecidas por los siglos. En todas ellas podía distinguirse, aunque gastada, la representación de la diosa Tanit, acompañada de inscripciones incomprensibles para ambos.

Larramendi contempló aquellas reliquias sin pronunciar palabra.

—¿Cómo llegaron aquí?

—Nadie lo sabe con certeza. Sólo sé cuanto me enseñó mi antecesor, y a éste el suyo. Desde la fundación de la villa permanecieron ocultas en este escondrijo, para que la codicia de los hombres ni las supersticiones del vulgo las alcanzasen.

El anciano sacerdote guardó silencio largo rato. Después añadió, con voz aún más apagada:

—Pero el terremoto... ha cambiado mi corazón.

Larramendi levantó la vista.

—¿Qué queréis decir?

—Desde que la tierra rugió y sepultó tantas almas inocentes, no logro apartar de mi espíritu un pensamiento que me atormenta. Tal vez sea ignorancia; quizá simple superstición de viejo... mas temo que estos antiguos ornamentos constituyan per se alguna suerte de maldad…

📖 En memoria de D. José Mañogil, quien me mostró, cuando comencé el BUP, dos falcatas ibéricas, una de ellas en perfecto estado, y mi cerebro comenzó a trabajar...


Entrada publicada en La sección leyendas· 30 de julio de 2026

Rosa María González · Prompt engineer · Maquetador/Diseñador web

La Niña Encarnación y la Virgen del Carmen

👼 La Niña Encarnación y la Virgen del Carmen: el milagro de Rojales

Una leyenda de fe y protección celestial en la Vega Baja del Segura


La Niña Encarnación de Rojales y la Virgen del Carmen - Ilustración de la leyenda
🖼️ La Niña Encarnación y la Virgen del Carmen · Ilustración de la leyenda de Rojales · Fuente:  Luisa. Mi abuela.

Esta leyenda corrió como la pólvora por toda la Vega Baja, yo recuerdo que me la contaba mi abuela. Incluso llegó a salir en la prensa de la época. Os la cuento imitando el tono de los cronistas de la época y espero que la disfrutéis como yo lo hacía cuando me la contaban. ¡Con la boca abierta!

Heme aquí para dar cuenta de un suceso singular y prodigioso ocurrido en la ilustre villa de Rojales, provincia de Alicante, el cual ha conmovido los corazones de cuantos han tenido noticia de él por la prensa de la zona, señaladamente por lo referido en el diario La Lectura Popular de Orihuela en su edición de febrero de 1896.

Corría el sábado 18 de enero de 1896, cuando en el hogar de Cayetano Hernández, a quien todos conocen como Tano «el herrero», y su esposa Engracia, se vivieron horas de honda amargura. La pequeña Encarnación, de apenas tres años de edad, jugaba en su domicilio de la calle del Pozo —la cual en la actualidad recibe el nombre de calle Héroes de África— mientras la familia recibía a unos parientes. Al marchar estos, la niña, en un descuido de sus mayores, salió tras ellos sin que nadie advirtiera su ausencia hasta que ya era tarde.

La alarma cundió por toda la villa al saberse que la criatura andaba errante, sola y sin abrigo, por parajes tan peligrosos como el monte de la Atalaya o las márgenes del río Segura. Cuadrillas de voluntarios buscaron con denuedo durante toda la noche, bajo temperaturas que descendieron bajo cero, temiendo lo peor para la pequeña.

Mas quiso la Providencia que, al caer la tarde del domingo, Encarnación fuera hallada en el fondo del barranco del Búho. Para asombro de sus rescatadores, la niña no presentaba rasguño alguno ni sufría del frío que a todos helaba. Al ser interrogada sobre cómo había sobrevivido, la pequeña relató, con su media lengua, haber pasado la noche con una «señora» que la tapó con su delantal para darle calor. Contó también que no estuvo sola, pues jugó a hacer montoncitos de arena con un niño pequeño que acompañaba a la mujer.

Llevada ante el párroco en la iglesia de San Pedro Apóstol, se procedió a mostrarle diversas imágenes sacras para identificar a su protectora. Encarnación rechazó las imágenes de la Virgen del Rosario y de la Dolorosa, hasta que, al ver la efigie de la Virgen del Carmen, exclamó con alegría: «¡Ésa!, ¡ésa es la que me tapaba con el delantal!», reconociendo en el escapulario de la santa imagen la prenda que la había guardado de la muerte.

Quede este relato como testimonio de lo que muchos consideran un milagro de protección celestial en estas tierras de la Vega Baja.

📖 Fuente histórica: Esta leyenda fue recogida por el diario La Lectura Popular de Orihuela en su edición de febrero de 1896, y ha sido transmitida oralmente de generación en generación en la Vega Baja del Segura.


Entrada publicada en La sección Leyendas · 30 de julio de 2026

Rosa María González · Prompt engineer · Maquetador/Diseñador web

sábado, 18 de julio de 2026

La leyenda de la Encantá

 

La Leyenda de la Encantá

Misterio y tradición en la Vega Baja del Segura

En el corazón de la Vega Baja del Segura, entre los términos de Guardamar del Segura y Rojales, se teje una leyenda que ha sobrevivido al paso de los siglos: la Encantá. Este relato, de raíces medievales y ecos íberos, encarna la memoria colectiva de toda una comarca, y cada año, en la Noche de San Juan, renace con fuerza entre sus gentes.

El origen de la maldición

La protagonista es una princesa de ojos azules y cabellera rubia, a quien los relatos llaman Zulaida o Zoraida. Hija de un rey moro, fue sorprendida en un amor prohibido con un joven —en unas versiones, un príncipe cristiano; en otras, un noble moro—. El rey, herido de muerte tras un combate, lanzó una maldición que hizo desaparecer el castillo de Cabezo Soler, atrapando a la princesa y a todos sus habitantes en el interior del monte.

Solo en la Noche de San Juan (del 23 al 24 de junio) la Encantá puede emerger de su encierro. Un hombre valiente debe cargarla en brazos y llevarla hasta el río Segura, donde ella debe mojar sus pies para romper el hechizo. Pero el camino se vuelve infernal: la doncella se vuelve cada vez más pesada, y delante del portador aparecen toros, leones y dragones para aterrorizarlo. Quien fracasa en la empresa muere al amanecer «con la lengua fuera» o «pisándose la lengua», y la princesa sigue prisionera.

Variantes y misterios

Aunque la mayoría de las versiones sitúan la aparición en cada Noche de San Juan, en Rojales se conserva una variante que afirma que la Encantá solo se muestra una vez cada cien años, lo que añade un aura de escasez y mayor temor. Además, algunos ancianos del lugar cuentan que en esa noche todavía se escuchan lamentos y se ven luces extrañas en el Cabezo Soler.

Un patrimonio disputado: Rojales y Guardamar

La ubicación del Cabezo Soler, en el término municipal de Rojales, ha generado un histórico debate sobre la «pertenencia» de la leyenda. Mientras Rojales defiende su autoría por razones geográficas, Guardamar argumenta que la tradición es anterior a la creación de ambos municipios y forma parte del acervo común de la Vega Baja.

Esta tensión se manifiesta en las celebraciones: en Rojales, la Encantá se mantiene viva de forma íntima y oral, con vecinos que aún acuden al cerro en la Noche de San Juan. En Guardamar, en cambio, la leyenda se ha convertido en el gran espectáculo inaugural de sus Fiestas de Moros y Cristianos (en honor a San Jaime, en julio), con una puesta en escena de luz, fuego y sonido que reúne a más de 2.500 personas.

El eco de la Dama de Guardamar

En 1987, el yacimiento de Cabezo Lucero (Guardamar) deparó un hallazgo excepcional: la Dama de Guardamar, un busto íbero del siglo IV a.C. El arqueólogo Enrique Llobregat, director de la excavación, no dudó en señalar el paralelismo entre la «mujer encantada» de la leyenda y esta dama de piedra. El mito, por tanto, podría hundir sus raíces en la cultura ibérica, mucho antes de la ocupación musulmana, y haber sido transmitido oralmente durante milenios.

La Encantá en la cultura

La leyenda ha trascendido la oralidad para inspirar obras literarias, teatrales y cinematográficas. Destacan la novela de Fausto Cartagena, la pieza teatral de Salvador García Aguilar (dirigida por Alberto González Vergel) y el mediometraje «La leyenda de la Encantá» (2002), dirigido por Francisco Jorge Mora García y Joaquín Manuel Murcia Meseguer, que obtuvo una Mención Especial en el Festival Cinema Jove de Valencia. Además, el propio Mora García ha compuesto piezas musicales inspiradas en el relato.

Un legado vivo

La Encantá es mucho más que un cuento de aparecidos: es un símbolo de identidad para toda la Vega Baja. Cada Noche de San Juan, el misterio renace, y con él, la certeza de que algunos hilos del pasado nunca se rompen. Independientemente de si su origen se sitúa en Rojales o Guardamar, la leyenda pertenece a todos los que habitan estas tierras, y su persistencia nos recuerda el poder de la tradición oral para unir a las comunidades en torno a un patrimonio común.

📖 Artículo elaborado a partir de fuentes históricas y tradición oral Vega Baja del Segura, 2026

Rosa María González · Prompt engineer · Maquetador/Diseñador web

sábado, 4 de julio de 2026

Leyenda del Pilar de la Horadada: La Leyenda del Zurrón y la Niña

 

 

Leyenda Popular · Pilar de la Horadada

La Leyenda del Zurrón y la Niña

El Cuento de la Cayetanica

En los campos de Pilar de la Horadada, donde el bosque se confunde con la huerta y la noche cae de pronto, las madres contaban esta historia para que las niñas no se alejaran de casa.

La Cayetanica

La Cayetanica, como le decían en el pueblo, era la más pequeña de tres hermanas. Y la pobre era cojica.

Un día, su madre las mandó a recoger leña. Y estas, que eran muy obedientes, le hicieron caso y fueron a desempeñar la tarea. Al terminar se quedaron jugando sin percatarse de que el tiempo pasaba con rapidez y que se estaba haciendo de noche.

Cuando la oscuridad sorprendió a las muchachas se dieron cuenta de su error y salieron corriendo para casa, dejando rezagada a su hermana cojica.

Cayetanica se perdió en el bosque y, como no quería que le pasara nada malo, se sentó junto a un árbol para dejar pasar el tiempo y que así vinieran a por ella.

Pero el sueño la sorprendió y se quedó durmiendo.

El zurrón

Quiso la fatalidad que por allí pasara un hombre con un zurrón que, al verla desprevenida, la cogió y la metió dentro.

Y así, con ella metida dentro del zurrón, iba de pueblo en pueblo obligándola a cantar esta canción:

Que malas son mis hermanas
Que en el campo me han dejado
Y ha venido este hombre viejo
Y en el zurrón me ha zampado

— Coro del hombre —

Canta zurronico, canta
Que si no te doy con la tranca

Y la niña, obligada y asustada, cantaba y cantaba por donde pasaban.

El retorno

Con el tiempo, quiso la casualidad que el hombre pisara de nuevo el pueblo de la niña. Y el destino, que juega esas malas pasadas, hizo que se tropezase con la madre de Cayetanica que estaba en la puerta amasando alimento para sus otras dos hijas.

El hombre le dijo a la mujer si le podía guardar el zurrón mientras él se distraía en una tarea delicada.

Y la madre le respondió que sí, que ella sola se encargaba.

Así que el hombre se marchó y dejó allí a la madre, que a sus hijas les preguntaba:

— ¿A ver niñas, qué queréis que os haga?

— Yo quiero un rollico —decía la mayor.

— Yo también quiero rollico —contestaba la mediana.

— Pues yo quiero un tortón —contestaba alguien desde el zurrón.

La madre se quedó turbada y repitió la pregunta.

Parece que el zurrón es mágico y con voz de niña habla.

Vamos a repetir la pregunta.

— ¿Qué queréis que os haga?

— Yo quiero un rollico.

— Yo también quiero un rollico.

— Yo mamá quiero un tortón.

Y la madre, con los ojos bañados en lágrimas, abrió el zurrón y liberó a su hija.

La venganza

La escondieron bajo la cama y metieron en el zurrón a un gato salvaje y un montón de piedras.

Al poco el hombre reapareció y se encargó del zurrón, yendo de pueblo en pueblo con el fin de recibir alguna limosna.

Cuando tocó, el hombre al zurrón le habló:

Canta zurronico, canta
Que si no te doy con la tranca

— El zurrón no respondía —

Y el zurrón seguía sin responder.


Cuando salgamos del pueblo
Verás el palo que te llevarás

Y a la salida del pueblo, el hombre abrió el zurrón con la intención de dar un escarmiento a la niña, pero se encontró con una sorpresa que no se esperaba.

Un gato salvaje le saltó hacia la cara y se la arañó, desfigurándosela.

Pero fue mayor el susto que se pegó, que casi lo deja en el sitio.

Y así es como termina
El Cuento del Zurrón

Con un buen susto,
Y aprendida la lección.

Leyenda popular de Pilar de la Horadada

Vega Baja del Segura

Leyenda de Torrevieja: El Cuento de Felipe II

Leyenda Popular · Siglo XVI

La Leyenda de Torrevieja

El Cuento de Felipe II

Aún siendo muy severo el gran rey Felipe II, tenía tiempo de visitar a los necesitados de su reino y repartir entre ellos la limosna que necesitaban.

Por supuesto de incógnito, para que sus súbditos no supieran de sus debilidades, se hacía disfrazar de pobre vagabundo que compartía lo poco que tenía con los demás para no levantar sospechas.

Quiso el azar que un día acudiera a pasar por delante de una casa en la que habitaban un matrimonio y sus tres hijos. Siendo el más pequeño de dos meses y que aún no estaba bautizado.

El rey les interrogó sobre el nombre del niño y estos le contestaron que no lo tenía porque aún no se había posado sobre él la mano de Dios.

El monarca, sorprendido, les preguntó por el motivo.

Y ellos le dijeron que todo era porque el cura del pueblo se había negado a bautizarle. Ya que ellos eran tan pobres que no disponían de ningún bien con el que poder satisfacer las ansias de riqueza de aquel malévolo cura. Y añadieron que el niño tampoco disponía de padrinos porque los que les rodeaban eran tan pobres que tampoco podían permitírselo.

Entonces el rey les dio dinero para poder comprar un traje con el que acristianar al niño y les dijo:

«Id mañana a donde el cura que allí hallaréis a vuestros padrinos.»

Fueron al día siguiente a bautizar al niño y se encontraron con que la promesa del vagabundo se había cumplido: tuvieron ante sus ojos a padrino y padrina, que no eran otros que sus majestades disfrazadas.

El cura bautizó al niño y preguntó al padrino cuál era su nombre.

—Felipe —respondió.

El cura le volvió a preguntar:

—¿Y el apellido?

—Me dicen que «Felipe II».

Entonces el cura se atrevió a mirar al hombre de frente y lo reconoció. Acto seguido se desplomó sobre el suelo porque adivinó lo que debía de pasarle, ya que conocía de la severidad del rey.

La lección

La leyenda, recogida por Antonia Gómez Andreu en 1979, nos habla de un rey que, pese a su fama de rigor, no olvidaba a los más humildes de su reino. Y de un cura que, por codicia, estuvo a punto de condenar al limbo a un alma inocente. En Torrevieja, como en todo el reino, la justicia divina —y la real— tenía modos inesperados de manifestarse.

Antonia Gómez Andreu · 1979

Torrevieja · Leyenda Popular

viernes, 3 de julio de 2026

Leyenda de San Miguel de Salinas: Zulema y Manuel

Paraje de Matamoros - Leyenda de San Miguel de Salinas
🏞️ Paraje de Matamoros · Escenario de la leyenda

📖 Leyenda de San Miguel de Salinas

Zulema y Manuel

Fuente: Luis Mateo · ciudadorihuela.blogspot.com

📜 Una joya de la tradición oral y el folklore de la comarca de la Vega Baja del Segura, en Alicante (especialmente vinculada, como bien indica el título, a San Miguel de Salinas).

Esta narración de Luis Mateo (1979) reúne todos los elementos clásicos de las leyendas fronterizas y de moros y cristianos: un amor prohibido, topónimos locales que cobran sentido a través de la tragedia (el paraje de Matamoros, el río Mariomento o la finca La Capitana) y, por supuesto, el infaltable mito del tesoro moro oculto que aguarda ser descubierto.

📍 La Geografía de la Leyenda
La historia traza una ruta perfectamente reconocible en la geografía actual de la zona:

  • Las Zahurdas y La Capitana: Zonas rurales e históricas de San Miguel de Salinas.
  • El río Mariomento: El barranco/rambla de Mariomento, que discurre hacia la costa.
  • El Puerto de San Ginés: Antiguo nombre vinculado a la zona costera de lo que hoy conocemos como la Dehesa de Campoamor (Orihuela Costa).
  • Paraje de Matamoros: El lugar exacto de la emboscada, bautizado así por la tradición popular a raíz del trágico desenlace.

📜 El Eco de Romeo y Julieta en el Sureste Español
Al igual que en los grandes dramas universales, el amor de Zulema y Manuel desafía las barreras culturales y religiosas de su época, pagando el precio más alto. La ceguera de su pasión contrasta con la brutalidad de la escaramuza a orillas del riachuelo, dejando un final abierto y místico sobre la ubicación de las riquezas del anciano padre de Zulema.

Es una pieza de literatura popular fantástica para conservar y difundir.

Cuando los árabes se hicieron dueños de este territorio, se establecieron en las Zahurdas, junto a la finca llamada La Capitana que estaba habitada por cristianos.

Abrumado por la belleza de una de las moras que habitaban Las Zahurdas, el hijo de los dueños de la finca cristiana se enamoró locamente de la mora.

Por supuesto, ese amor se convirtió en un problema al ser visto por los padres como algo peligroso y que hacía daño al buen nombre de la familia.

Por eso, los amantes decidieron mantener el contacto sin que nadie se enterara. Nadie, excepto una criada mora que es la que hacía de mensajera entre ambos enamorados.

Pero quiso la desfachatez que el plan fuese descubierto por un hermano de Zulema que fue corriendo a prevenir a su padre.

Este, se sintió tan ofendido que no tuvo más remedio que mandar a su hija a Orán con el resto de sus parientes.

Inició los preparativos y mandó a uno de sus hijos al puerto de San Ginés (Campoamor) para comerciar con el capitán de uno de los bajeles que solía mercadear con los agricultores de la zona para cerrar un trato que permitiera mandar a su hija y a algunos de los criados a Orán y de allí al cercano pueblo de Tremecén en donde vivían los parientes de la chica.

El día acordado, partió la caravana hacia el puerto sin saber que la hija, a través de un criado, había puesto sobre aviso a su amado tanto del día como de la forma en que tenía su padre planeado su viaje.

A orillas del río Mariomento, esperaban a la comitiva el enamorado y sus hermanos escondidos.

Zulema aún mantenía firme el recuerdo de la despedida con su madre que con lágrimas en los ojos le prometía la felicidad allá donde fuera.

La caravana mora estaba formada por un grupo de criados bien armados comandados por 3 de los hermanos de Zulema, siendo uno de ellos el que la acompañaría hasta que la chica llegara a su destino.

Atravesaron el Monte de Campoamor y cuando dejaron atrás el riachuelo y salían al margen derecho fueron sorprendidos por un ataque de los cristianos.

Se produjo entonces una sangrienta matanza en donde perecieron todos los moros que acompañaban a la chica excepto uno de sus hermanos.

Los enamorados haciendo caso omiso ante tal tragedia, rodeados de cuerpos y sangre, se fundieron en un apasionado abrazo.

El resto no se sabe si fue por venganza o si fue fruto del azar. Pues el hermano de Zulema que quedaba vivo, alcanzó a los dos enamorados matándoles en el acto a ambos.

Desde aquel entonces, la tradición le puso un nombre a aquel sitio.

El lugar sería conocido como MATAMOROS.

📜 Epílogo: Se sabe que poco tiempo después, los moros tuvieron que abandonar con prisas la finca de Las Zahurdas pues temían por sus vidas. El padre de Zulema, que ya no se sentía hombre, sino más bien, un anciano abatido por la desgracia de haber perdido a todos sus hijos, solo tuvo tiempo de ordenar a uno de sus criados que escondiera parte de sus tesoros en algún lugar de la finca. Y hasta el día de hoy, permanecen allí ocultos en algún lugar que el tiempo ha borrado de la memoria de los hombres hasta que alguna casualidad o tal vez el destino permita que sea descubierto.

Luis Mateo · 1979
📝 Nota del Editor

Esta es una leyenda preciosa que me ha hecho llegar JR y que, cosas del destino y las casualidades, resulta que está publicada por Luis Mateo.

Aprovecho estas líneas por si alguien de San Miguel de Salinas conoce a la familia de Luis  y se lo puede hacer llegar: le podéis decir que le he copiado la leyenda para nuestro blog. Y, de paso, contarle una pequeña historia familiar: resulta que soy su sobrina segunda. Su madre era hermana de mi abuela. 

Desde aquí, familia de Luis y Ricardo, si leéis esto u os lo hacen llegar, os envío un saludo muy cariñoso. 🤍

Rosa María González Ortiz

Pequeño homenaje a los palomeros de la Vega Baja

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