👼 La Niña Encarnación y la Virgen del Carmen: el milagro de Rojales
Una leyenda de fe y protección celestial en la Vega Baja del Segura
Esta leyenda corrió como la pólvora por toda la Vega Baja, yo recuerdo que me la contaba mi abuela. Incluso llegó a salir en la prensa de la época. Os la cuento imitando el tono de los cronistas de la época y espero que la disfrutéis como yo lo hacía cuando me la contaban. ¡Con la boca abierta!
Heme aquí para dar cuenta de un suceso singular y prodigioso ocurrido en la ilustre villa de Rojales, provincia de Alicante, el cual ha conmovido los corazones de cuantos han tenido noticia de él por la prensa de la zona, señaladamente por lo referido en el diario La Lectura Popular de Orihuela en su edición de febrero de 1896.
Corría el sábado 18 de enero de 1896, cuando en el hogar de Cayetano Hernández, a quien todos conocen como Tano «el herrero», y su esposa Engracia, se vivieron horas de honda amargura. La pequeña Encarnación, de apenas tres años de edad, jugaba en su domicilio de la calle del Pozo —la cual en la actualidad recibe el nombre de calle Héroes de África— mientras la familia recibía a unos parientes. Al marchar estos, la niña, en un descuido de sus mayores, salió tras ellos sin que nadie advirtiera su ausencia hasta que ya era tarde.
La alarma cundió por toda la villa al saberse que la criatura andaba errante, sola y sin abrigo, por parajes tan peligrosos como el monte de la Atalaya o las márgenes del río Segura. Cuadrillas de voluntarios buscaron con denuedo durante toda la noche, bajo temperaturas que descendieron bajo cero, temiendo lo peor para la pequeña.
Mas quiso la Providencia que, al caer la tarde del domingo, Encarnación fuera hallada en el fondo del barranco del Búho. Para asombro de sus rescatadores, la niña no presentaba rasguño alguno ni sufría del frío que a todos helaba. Al ser interrogada sobre cómo había sobrevivido, la pequeña relató, con su media lengua, haber pasado la noche con una «señora» que la tapó con su delantal para darle calor. Contó también que no estuvo sola, pues jugó a hacer montoncitos de arena con un niño pequeño que acompañaba a la mujer.
Llevada ante el párroco en la iglesia de San Pedro Apóstol, se procedió a mostrarle diversas imágenes sacras para identificar a su protectora. Encarnación rechazó las imágenes de la Virgen del Rosario y de la Dolorosa, hasta que, al ver la efigie de la Virgen del Carmen, exclamó con alegría: «¡Ésa!, ¡ésa es la que me tapaba con el delantal!», reconociendo en el escapulario de la santa imagen la prenda que la había guardado de la muerte.
Quede este relato como testimonio de lo que muchos consideran un milagro de protección celestial en estas tierras de la Vega Baja.
📖 Fuente histórica: Esta leyenda fue recogida por el diario La Lectura Popular de Orihuela en su edición de febrero de 1896, y ha sido transmitida oralmente de generación en generación en la Vega Baja del Segura.
Entrada publicada en La sección Leyendas · 30 de julio de 2026
Rosa María González · Prompt engineer · Maquetador/Diseñador web
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