sábado, 12 de septiembre de 2026

Origen de la apicultura en Formentera del Segura

Colmenas tradicionales de apicultura en Formentera del Segura
Colmenas tradicionales de apicultura · Imagen ilustrativa prompter IA: R.G.O.

Un relato que nos envía Juan Mora

Breve historia de la apicultura
en Formentera del Segura

Nos llega hoy un testimonio que queremos compartir con todos vosotros. Juan Mora, hijo de Juan Mora Martínez —"Juan el Higinio"—, uno de los fundadores de la apicultura en nuestro pueblo, ha querido regalarnos sus recuerdos sobre cómo nació y se desarrolló este oficio en Formentera del Segura.

La memoria histórica de los pueblos no se conserva sola: se transmite de generación en generación, a través de quienes tuvieron la generosidad de vivirla, guardarla y, sobre todo, contarla. Textos como el que Juan nos ofrece son un tesoro que no debemos dejar perder, porque en ellos no solo hay datos y fechas, sino nombres propios, apodos entrañables, oficios desaparecidos y un pedazo de la identidad colectiva de nuestro pueblo. Recordar no es un simple ejercicio de nostalgia: es un acto de justicia con quienes nos precedieron, con sus esfuerzos, sus alegrías y también con sus tragedias.

Por eso agradecemos de corazón a Juan Mora que haya querido poner por escrito estos recuerdos y compartirlos con todos nosotros. Le cedemos la palabra.

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Breve historia de la apicultura en Formentera del Segura

El origen de la apicultura en nuestro pueblo se remonta a los años cuarenta del siglo pasado. Tiene por tanto una antigüedad de unos ochenta y dos años, aproximadamente.

Fue después de la Guerra Civil cuando Juan Mora Martínez, conocido por los vecinos como Juan el Higinio, inicio la apicultura en el pueblo. Pasaré a relatar los acontecimientos dentro de lo que mi memoria me permita.

Terminada la guerra, Juan, agricultor como casi la totalidad de hombres y mujeres, trabajaba la tierra de los Trenor de Valencia que llevaba en arriendo su familia. Al sentirse no muy a gusto con el trabajo en la agricultura y, sobre todo, para no querer depender de su padre, decidió cambiar de oficio. Cerca de la casa familiar conocida como Casa de los Higinios, tenía su tío Francisco junto a la mota del río seis o siete corchos (como bien sabemos, así llamaban a los enjambres antes de ser instalados en colmenas). Pensó entonces sacarles algún rendimiento económico. Pero muy poco o nada sabía de apicultura. Alguien, no puedo precisar quién, le dijo que en el vecino pueblo de Benejuzar vivía una persona que sabía de abejas, y que se le conocía como Paco el Sacristán. En bicicleta, medio de transporte habitual de la época, se presentó en Benejuzar y localizó a Paco Sanz García, Paco el Sacristán, persona con tan sólo el oficio de sacristán, lo que le llevó a aceptar al momento la proposición de Juan sobre montar un pequeño colmenar. Así que vino a Formentera y empezaron el negocio. Desde un principio contaron con la ayuda económica de tío Francisco, mellizo de su padre Gaspar.

Un inciso para relatar, sobre todo por lo trágico de la historia, lo que le sucedió al que inició a Paco el Sacristán en el oficio. Según éste relataba, fue Don José Penalva, cura párroco de Benejuzar, el que le puso en contacto con el mundo de las abejas unos pocos años antes de la Guerra Civil. Don José Penalva, natural de Catral, acabó sus días tirado en la cuneta de la carretera general de Cartagena a Alicante, a la altura del camino que lleva a la Gola de Guardamar, por obra y desgracia de la bien denominada por Don Miguel de Unamuno "Guerra Incivil." La máxima aberración que se puede cometer con una persona es quitarle la vida, y más aún por cuestiones religiosas o políticas. Y otro desatino de ahora: la cruz que marcaba el lugar del fatídico "paseíllo" ha estado hasta no hace mucho señalando dicho lugar. Y no sé si por desidia de nuestros políticos o de los responsables del mantenimiento de la carretera, lo cierto es que la cruz ha desaparecido. ¿Para cuándo la aplicación sin reservas de la tan discutida Memoria histórica? Estaría más que bien que la cruz volviera a su lugar, y también que los apicultores del pueblo le hiciéramos al sacerdote un pequeño homenaje.

Prosigamos tras la mención de tan luctuoso suceso.

Paco y Juan, los nuevos socios apicultores, comenzaron a montar el negocio comprando algunos corchos por los campos, sobre todo, de Abanilla, Fortuna y El Pinoso. Y, en primavera aprovechándose de los enjambres que pudieron atrapar, hasta montar con ellos un pequeño colmenar. Comenzaron con colmenas Dadant y unas pocas Perfección. Los años comprendidos entre mil novecientos cuarenta y mil novecientos cincuenta y cinco, la climatología les proporcionó abundantes cosechas. En invierno, la de romeros y tomillos que abundaban en los montes cercanos de Benejuzar, Almoradi, Benijofar, Rojales y Guardamar; así como la de albaidas en primavera. Y ya en abril, las abejas de los pequeños colmenares asentados en los montes de estas poblaciones llegaban sin dificultad a los naranjales de la huerta, proporcionándoles la mayor cosecha del año: la del azahar. Pero es que también era copiosa la cosecha de alfalfa y de algodón, cultivos de verano en las tierras libres conocidas como tierra en blanco; es decir, libres de agrios. Casi no paraban de cortar (o "castrar" colmenas como también se dice) todo el año. Con los beneficios, a primeros de los cincuenta compraron un coche en Alcoy. Un Fiat, un modelo de la Primera Guerra, al que el tío Jacobo de Rojales, hábil herrero, transformó en una camioneta, que pintaron de amarillo. En la posguerra era difícil encontrar algún tipo vehículo. Los pocos que había en el mercado eran antiguos y con un precio prohibitivo. Con deciros que a principios de los cincuenta en el pueblo sólo circulaban dos coches, está todo dicho: uno, propiedad de El Pérdis, el prohombre del pueblo; y otro, aquella camioneta amarilla de la reciente sociedad apícola, que había que poner en marcha a manivela y que servía tanto para trasladar cuarenta colmenas de los montes de Rojales a los algodonares de Almoradi, como para llevar a la familia junto a algún amigo a la playa de Guardamar por San Cristóbal o a escuchar los coros de las primeras habaneras en Torrevieja.

Y Vicente el Rulo, el carpintero, no paraba de cortar madera para cajas Dadant de alza, que montaban y/o reparaban en una casa que el padre de Juan tenía cerca del bar el Mosca. Allí trabajaban cuando no lo hacían en los colmenares; y por allí apareció a finales de los cincuenta o primeros de los 60 (no puedo precisar) un joven que por aquel entonces tenía menos beneficio que oficio como encargado de bar: Aurelio Ferrándiz, hijo del tío Mosca y propietario del establecimiento del mismo nombre. Aurelio aprendió algo de Paco y Juan y decidió hacerse apicultor. Se asoció, primero con el tío Paco, el Pajeras, y posteriormente con Tomás Cabrera. Pero pronto se independizó para dedicarse a la compra-venta de miel, venta de artículos relacionados con la apicultura y otros negocios. Un emprendedor de éxito, como se dice hoy, fundador de la actual empresa Aufersa. Y así comenzó todo el despliegue de la apicultura. Fue todo esto, alrededor de mil novecientos sesenta. Después de la sociedad de Aurelio y Tomás, aparecieron José el Patas, el Parrancas, el Mochuelo, el Palle y los de la Jardinera, entre otros. Sustituyeron las colmenas Dadant por Layens, más ligeras y prácticas para la trashumancia apícola.

Recuerdo que la década de los sesenta fue de unas cosechas superabundantes: el azahar y el romero siempre fueron las estrellas, seguidas de la alfalfa y el algodón. Hasta que hizo su aparición el fatídico DDT, que casi acaba con abejas, con la huerta y con los huertanos.

Creo que entre todos los apicultores del pueblo llegaron a las tres mil cajas, cuando no fueran más. La apicultura llegó a ser la segunda fuente de ingresos del pueblo.

El resto de la historia me parece que todos la conocéis. Proseguid vosotros.

Como despedida, propongo un brindis especial por el cura Penalva. Así como también por los socios fundadores: Paco el Sacristán y Juan el Higinio. Y los que les siguieron: Aurelio el Mosca, Tomás Cabrera, el Patas, el Mochuelo y tantos otros.

Saludos de Juan Mora, hijo de Juan el Higinio.

Perdonad si he sido un poco pesado.


📅 Publicado el 12 de septiembre de 2026 · Historias

Rosa María González · Prompt engineer · Maquetador/Diseñador web

✦ ❧ · · · Gracias a Juan Mora por compartir la memoria de la apicultura en Formentera del Segura · · · ❧ ✦

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