Zulema y Manuel
📜 Una joya de la tradición oral y el folklore de la comarca de la Vega Baja del Segura, en Alicante (especialmente vinculada, como bien indica el título, a San Miguel de Salinas).
Esta narración de Luis Mateo (1979) reúne todos los elementos clásicos de las leyendas fronterizas y de moros y cristianos: un amor prohibido, topónimos locales que cobran sentido a través de la tragedia (el paraje de Matamoros, el río Mariomento o la finca La Capitana) y, por supuesto, el infaltable mito del tesoro moro oculto que aguarda ser descubierto.
📍 La Geografía de la Leyenda
La historia traza una ruta perfectamente reconocible en la geografía actual de la zona:
- Las Zahurdas y La Capitana: Zonas rurales e históricas de San Miguel de Salinas.
- El río Mariomento: El barranco/rambla de Mariomento, que discurre hacia la costa.
- El Puerto de San Ginés: Antiguo nombre vinculado a la zona costera de lo que hoy conocemos como la Dehesa de Campoamor (Orihuela Costa).
- Paraje de Matamoros: El lugar exacto de la emboscada, bautizado así por la tradición popular a raíz del trágico desenlace.
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Al igual que en los grandes dramas universales, el amor de Zulema y Manuel desafía las barreras culturales y religiosas de su época, pagando el precio más alto. La ceguera de su pasión contrasta con la brutalidad de la escaramuza a orillas del riachuelo, dejando un final abierto y místico sobre la ubicación de las riquezas del anciano padre de Zulema.
Es una pieza de literatura popular fantástica para conservar y difundir.
Cuando los árabes se hicieron dueños de este territorio, se establecieron en las Zahurdas, junto a la finca llamada La Capitana que estaba habitada por cristianos.
Abrumado por la belleza de una de las moras que habitaban Las Zahurdas, el hijo de los dueños de la finca cristiana se enamoró locamente de la mora.
Por supuesto, ese amor se convirtió en un problema al ser visto por los padres como algo peligroso y que hacía daño al buen nombre de la familia.
Por eso, los amantes decidieron mantener el contacto sin que nadie se enterara. Nadie, excepto una criada mora que es la que hacía de mensajera entre ambos enamorados.
Pero quiso la desfachatez que el plan fuese descubierto por un hermano de Zulema que fue corriendo a prevenir a su padre.
Este, se sintió tan ofendido que no tuvo más remedio que mandar a su hija a Orán con el resto de sus parientes.
Inició los preparativos y mandó a uno de sus hijos al puerto de San Ginés (Campoamor) para comerciar con el capitán de uno de los bajeles que solía mercadear con los agricultores de la zona para cerrar un trato que permitiera mandar a su hija y a algunos de los criados a Orán y de allí al cercano pueblo de Tremecén en donde vivían los parientes de la chica.
El día acordado, partió la caravana hacia el puerto sin saber que la hija, a través de un criado, había puesto sobre aviso a su amado tanto del día como de la forma en que tenía su padre planeado su viaje.
A orillas del río Mariomento, esperaban a la comitiva el enamorado y sus hermanos escondidos.
Zulema aún mantenía firme el recuerdo de la despedida con su madre que con lágrimas en los ojos le prometía la felicidad allá donde fuera.
La caravana mora estaba formada por un grupo de criados bien armados comandados por 3 de los hermanos de Zulema, siendo uno de ellos el que la acompañaría hasta que la chica llegara a su destino.
Atravesaron el Monte de Campoamor y cuando dejaron atrás el riachuelo y salían al margen derecho fueron sorprendidos por un ataque de los cristianos.
Se produjo entonces una sangrienta matanza en donde perecieron todos los moros que acompañaban a la chica excepto uno de sus hermanos.
Los enamorados haciendo caso omiso ante tal tragedia, rodeados de cuerpos y sangre, se fundieron en un apasionado abrazo.
El resto no se sabe si fue por venganza o si fue fruto del azar. Pues el hermano de Zulema que quedaba vivo, alcanzó a los dos enamorados matándoles en el acto a ambos.
Desde aquel entonces, la tradición le puso un nombre a aquel sitio.
El lugar sería conocido como MATAMOROS.
📜 Epílogo: Se sabe que poco tiempo después, los moros tuvieron que abandonar con prisas la finca de Las Zahurdas pues temían por sus vidas. El padre de Zulema, que ya no se sentía hombre, sino más bien, un anciano abatido por la desgracia de haber perdido a todos sus hijos, solo tuvo tiempo de ordenar a uno de sus criados que escondiera parte de sus tesoros en algún lugar de la finca. Y hasta el día de hoy, permanecen allí ocultos en algún lugar que el tiempo ha borrado de la memoria de los hombres hasta que alguna casualidad o tal vez el destino permita que sea descubierto.
Esta es una leyenda preciosa que me ha hecho llegar JR y que, cosas del destino y las casualidades, resulta que está publicada por Luis Mateo.
Aprovecho estas líneas por si alguien de San Miguel de Salinas conoce a la familia de Luis y se lo puede hacer llegar: le podéis decir que le he copiado la leyenda para nuestro blog. Y, de paso, contarle una pequeña historia familiar: resulta que soy su sobrina segunda. Su madre era hermana de mi abuela.
Desde aquí, familia de Luis y Ricardo, si leéis esto u os lo hacen llegar, os envío un saludo muy cariñoso. 🤍
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