viernes, 3 de julio de 2026

Comentario de texto: Sinopsis de Las cinco estaciones

Comentario de texto: Sinopsis de Las cinco estaciones

Por Rosa, alumna de 1º de BUP — Curso 1975-76

¡Va por todos ustedes!!!

1. Presentación de la obra y su estructura

Esta sinopsis nos presenta una novela que, aunque todavía no está terminada —¡el autor la está escribiendo ahora mismo!— ya muestra una estructura muy ambiciosa. Se trata de una novela enmarcada, es decir, hay un narrador principal (Luis) que en el presente (finales de 1969) recuerda su pasado y decide escribir sobre él. Pero no solo eso: dentro de esa historia principal hay otra historia (la del autobús y la muerte de Quin) y, además, hay un cuento dentro del cuento (el relato del aguador parricida que Luis escribió de joven). Es como esas muñecas rusas que se abren y dentro hay otra más pequeña.

El título, Las cinco estaciones, ya nos da una pista: el autor quiere escribir cinco relatos (uno por cada estación del año más una quinta, que supongo que será la muerte o el recuerdo). El primero es Invierno, y tiene lugar en Navidad. Me parece muy original esta idea de que dos hermanos escriban juntos, cada uno desde su perspectiva, para recuperar su relación.

2. Análisis del narrador principal: Luis

Luis es profesor de letras en una ciudad del norte, pero cada Navidad vuelve a su pueblo del sur. Dice que lo hace para "abrir la casa" y que "se oree", pero en realidad creo que busca algo más: encontrar sentido a su vida. Está en una crisis terrible: se divorcia, apenas ve a sus hijos (sobre todo al mayor, que es "adolescente difícil"), no sabe por qué enseña y bebe demasiado. Es un hombre roto.

Me ha emocionado mucho cuando dice que una casa "necesita que la vivan, reclama calor humano, de lo contrario se niega a existir". Es como si la casa fuera un ser vivo, ¿verdad? Y eso que dice de que "el aliento de una familia, preferible con perros y gatos, es lo único que la estimula a mantenerse en pie" me ha parecido muy tierno. Luis proyecta en la casa su propia soledad: él también se está "derrumbando" por falta de cariño.

3. El tiempo en la novela: tres niveles

El autor maneja el tiempo con mucha habilidad. Tenemos:

  • Presente (1969): Luis en la casa, con frío, recordando.
  • Pasado cercano (principios de los cincuenta): su juventud, su amigo Quin, su amigo Pepito.
  • Pasado remoto (la infancia): el cuento del aguador que le contaba su abuela.

Todo empieza porque Luis encuentra en el desván un paquete con sus cosas de joven: la Enciclopedia Álvarez (¡qué nostalgia! Yo también tuve una de esas en casa) y un relato que creía perdido. Eso le hace recordar a Quin y decidir escribir. Es como en La busca de Pío Baroja, donde los objetos desencadenan recuerdos, o como la madalena de de Proust, aunque aquí es más triste, más... español, diría yo.

4. Análisis del relato de Invierno: la muerte de Quin

Esta parte despierta la vena morbosa del true crime (que se pondrá de moda en el 2000). Es una tragedia rural perfectamente construida. El escenario es un autobús viejo, un "Ford amarillo chillón de los años treinta", que hace un recorrido de treinta kilómetros que puede durar tres horas si llueve. Ya desde el principio notamos que el tiempo aquí es diferente: todo va lento, todo es duro.

Los personajes son del pueblo, gente humilde:

  • Matías el cabrero: un hombre brutal, borracho, que viaja en la baca con sus chivos y sus pavos. Se mete en un ataúd para protegerse de la lluvia y luego asusta a los muchachos como "broma". Es un personaje de lo más bajo, como dice Pepito: "abyecto". Pero el autor no lo caricaturiza; lo presenta como producto de su mundo: pobre, analfabeto, cruel por ignorancia más que por maldad pura.
  • Quin y Juan: hijos de un labrador anarquista salvado de la pena capital en el 39 por su patrón falangista. Quin sueña con irse a Barcelona, como tantos españoles de entonces. Trabaja de sol a luna, no tiene tiempo ni para ir al baile del pueblo. Es la juventud sacrificada de la posguerra.
  • Los sobrinos de don Alfonso: el cacique local, odiado por todos. Solo les importa el ataúd, no el muchacho muerto.

La escena del ataúd es de una tensión tremenda. Matías se esconde en el féretro, se tapa con el hule, y cuando Quin y Juan suben a la baca... ¡la mano "cetrina y peluda" asomando por la rendija! La descripción es perfecta: las uñas "romas y enlutadas", la voz "quebrada" que pregunta "¿Lluuuuueeeeeeveeeeee aaaaaaaaaún?". Da auténtico terror, pero un terror realista, no de fantasmas. Y luego la tragedia: Quin, al saltar asustado, resbala y se golpea la cabeza contra una piedra.

5. La impunidad y la injusticia social

Lo que más me ha indignado es lo que pasa después. Matías sale del ataúd, ve la tragedia, y en vez de quedarse, ¡se vuelve a meter, se arregla el interior y baja como si nada! Luego miente descaradamente: "Yo iba arriba y no he visto na. Iba durmiendo entre los bultos". Y el conductor, aunque no le cree del todo, no puede probar nada.

Pero lo peor es que las mujeres, con su gesto compasivo de meter el cuerpo de Quin en el ataúd para que no se moje, borran la única prueba del delito: la silueta de Matías en el satén blanco. Es una ironía terrible: la bondad destruye la justicia. Y los sobrinos del cacique, en vez de preocuparse por el muerto, se indignan porque han tocado "su" féretro. El juez les manda callar, pero no investiga de verdad. Todo queda en impunidad.

Matías, mientras tanto, vende sus chivos, come estofado de toro, bebe dos botellas de vino y un carajillo, y termina en un burdel. No siente ni una pizca de remordimiento. Es la España de la posguerra en una viñeta: el mal no se castiga, el poder no se toca, los pobres mueren y los culpables siguen su vida.

6. El estilo del autor

Juan Mora escribe con una prosa muy densa, muy trabajada. Usa frases largas, subordinadas, con muchos adjetivos. A veces eso puede resultar pesado, pero creo que aquí funciona porque el tema lo requiere: estamos hablando de memoria, de dolor, de una época que pesa. Algunas imágenes son preciosas, como la casa que "se niega a existir" sin calor humano, o el río que es "ahora tan sólo una culebra negra y maloliente".

Me gusta cómo alterna el registro culto de Luis (el profesor de letras) con el lenguaje popular de los personajes del pueblo. Cuando Matías dice "calao" en vez de "calado", o "na" en vez de "nada", no es folklorismo barato: es autenticidad. El autor respeta la voz de su gente.

7. Las influencias que percibo

Aunque el autor es de la Vega Baja y esto es literatura local, veo conexiones con grandes escritores:

  • Miguel Delibes: en la atención al paisaje rural, a la miseria del campo, a la infancia en los pueblos pequeños. Me recuerda a El camino o a Las ratas.
  • Camilo José Cela: en la violencia brusca, en el humor negro, en los personajes marginales. Tiene algo de La familia de Pascual Duarte.
  • Pío Baroja: en la estructura de la memoria, en el personaje intelectual desengañado. Luis podría ser un pariente de los personajes de El árbol de la ciencia.
  • Juan Marsé: en la Barcelona como sueño de fuga para los jóvenes del pueblo.

8. Crítica constructiva

Como alumna aventajada que soy, debo señalar también algunos puntos que podrían mejorarse:

  • El barroquismo a veces sofoca: hay frases tan largas y tan cargadas de adjetivos que cuesta seguir el hilo. Un poco más de aire en la prosa no le vendría mal.
  • La simetría entre el parricidio del aguador y la muerte de Quin: me parece demasiado evidente, demasiado buscada. La vida no suele ser tan simétrica.
  • Las mujeres: salvo la tía Teresa y las mujeres del autobús (que son coro, no individuos), no hay personajes femeninos desarrollados. ¿Dónde está la madre de Luis? ¿Y su mujer Isa, de la que hablan tanto?

9. Conclusión personal

Las cinco estaciones me parece una novela ambiciosa, honesta y profundamente española. El autor escribe desde la periferia —la Vega Baja— pero habla de algo universal: la pérdida, la memoria, la injusticia, la necesidad de contar lo que vivimos para que no se pierda. La estructura de las cinco estaciones es original, aunque arriesgada: tendrá que lograr que cada relato tenga su propio tono sin repetirse.

El episodio del autobús, tal como se narra en esta sinopsis, ya es un cuento perfecto: tiene suspense, tiene personajes inolvidables, tiene una moraleja terrible sobre la impunidad. Si el autor mantiene este nivel en las otras cuatro estaciones, creo que tendremos una obra importante.

A mí, personalmente, me ha conmovido especialmente la figura de Luis, el profesor fracasado que vuelve a su pueblo a "abrir la casa". Entiendo ese gesto: es abrirse uno mismo, dejar que entren los recuerdos aunque duelan. Y me ha parecido muy bonita la idea de que escriba para su hermano, para recuperar lo que las "mujeres de uno y otro" han roto. La literatura como puente, como terapia, como hermandad.

Espero con muchas ganas de poder leer la novela terminada. ¡Ojalá Juan Mora la acabe pronto!

Rosa

1º de BUP, curso 1975-76

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