Por: José Ramón
Del cazador al romano: la línea de tiempo genética de España y el aislamiento vasco
El trabajo de Íñigo Olalde no solo se detuvo a analizar el gran impacto de la Edad del Bronce, sino que estructuró de manera magistral la evolución genética de la península ibérica a lo largo de varios milenios, dividiéndola en etapas clave:
Poblaciones con un perfil genético característico que combinaba de forma única los linajes de los antiguos cazadores de Europa occidental y central.
Periodo marcado por la llegada de los primeros agricultores procedentes del Mediterráneo y Anatolia, quienes se asentaron y se mezclaron de forma progresiva con los cazadores locales.
Se produce la llegada masiva del ADN estepario. Este hito histórico conllevó un reemplazo casi absoluto del cromosoma Y original por el linaje R1b. El perfil genético resultante de esta mezcla es el que definió posteriormente a los pueblos prerromanos, como los íberos y los celtas.
Etapa caracterizada por la entrada de nuevas corrientes genéticas provenientes del norte de África y del este del Mediterráneo, las cuales terminaron de moldear la rica diversidad que encontramos hoy en día.
Un caso único aislado: Los vascos
El análisis de ADN antiguo demostró una realidad sorprendente: la base genética de los vascos actuales se configuró precisamente en la Edad del Bronce, justo después de la llegada de los pueblos esteparios.
A diferencia de lo que ocurrió en el resto de la península, la población vasca permaneció genéticamente aislada durante los últimos 3.000 años. Al no recibir las influencias e improntas genéticas posteriores de romanos, visigodos o musulmanes, se convirtieron en una cápsula del tiempo biológica.

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