miércoles, 1 de julio de 2026

Cruz de Mayo

Crónica de la Tierra

Cruz de Mayo

Por: Juan Mora (Apicultor) Publicado originalmente: 7/5/99
I. El río vivo

Antes el río mostraba en cada estación una cara diferente. Las aguas blancuzcas de algún momentáneo aguacero, caído sobre las montañas cercanas a primeros de mayo, hacían doblegarse a los que en ellas y de ellas vivían: desde las ciscas cortantes, a las rapaces zarzas; desde las anguilas y barbos que andaban por lo hondo y que cambiaban al unísono del agua su librea ayer azul intenso por otra lechosa; a las bandadas de tórtolas recién llegadas de África que desde el amanecer hasta el crepúsculo venían a apagar en ellas su sed.

El río olía a vida a pesar de la naturaleza muerta que sus aguas arrastraban y que, trasmutada por ellas en limo fecundo, iba a depositarse como una bendición en las tierras de la Vega tras cada tanda de riego.

¡Cómo no recordar un atardecer de primavera junto al río!

Bastaba con que te acercases a él para que él te regalase, como dice de la naturaleza don Miguel (el de Cervantes), sin interés alguno vista, oído y olfato. Los cañaverales nacientes aún te permitían ver el cauce, así como los blancos troncos de los álamos o los verdeoliva de los sauces que comenzaban a soltarse la melena hasta contactar con la corriente. Nada más asomar a la mota podía sorprenderte el vuelo meteórico del martín pescador a ras de agua, que destellando verdes abejaruco se perdía en la primera curva. Detrás de él, como queriendo preservar la intimidad de su sala de conciertos para la sinfonía nocturna que saldría de su garganta, el ruiseñor se dejaba ver por unos segundos antes de perderse en el seno del zarzal o en la espesura de alguna flotilla de carrizos.

Canto fecundo de la primavera el croar de ranas, la melodía del mirlo o el zumbido de abejas que cargadas de néctar ascendían desde los huertos de naranjas hasta las lomas donde prosperaban aulagas, romeros y cantuesos, que en las colinas por la margen derecha acompañaban al río en su último tramo. Allí estaban asentados los colmenares.

Basta con cerrar los ojos para traer todo ello de nuevo a los sentidos.

"Y si de lo alto de la mota mirabas a la huerta, podías darte con una amplia gama de verdes de naranjales, bancales de hortalizas y trigos, moteados estos últimos por el púrpura de las amapolas..."

...cosecha no deseada por los huertanos de entonces, y que el pragmatismo de los de hoy en día ha eliminado con la ayuda de la bomba inteligente de los modernos herbicidas, que han contribuido, también, a la desolación de la tierra y el paisaje.

II. La mortaja negra

Ahora el río es tan sólo una serpiente negra y emponzoñada. Los últimos olores del azahar se mezclan con los de cloaca que desprende el denso magma que perezosamente discurre por él, impregnando, como dice el poeta Miguel (el de Orihuela), los aires de mi tierra y de mi río.

Mientras tanto, un político vestido en Adolfo Domínguez y una ministra, ambos dos peinados por los mejores estilistas, se han dignado a bajar hasta la ciudad de Teodomiro, capital del río difunto, para aplacar en víspera de elecciones los ánimos de los ribereños que se les manifestaron con virulencia. Y declaran que piensan repetirlo ante la misma puerta del Ministerio. El repeinado político, contrariado, ha dicho que la señora ministra no merecía tal recibimiento. Ella, que hay proyectos en marcha para enderezar el entuerto del río, y aún ha prometido el oro y el moro. Pero no han sido capaces de asomar sus narices, abundantes por cierto, al cauce podrido.

Antes, a primeros de mayo las madres confeccionaban una cruz para sus hijos con dos trozos de caña y unos cuantos cabellos de sauce, y en su centro colocaban las primeras rosas y alhelíes del breve jardín familiar: era la cruz de mayo.

Ahora, desaparecidos los sauces, nos queda la cruz del río… y la de los políticos. ¡El Segura ha muerto! Dios nos libre de zaplanas y tocinos.

Nota de archivo: Nota editorial: Texto publicado en el Diario Información el 7/5/99, tras la visita a Orihuela del entonces presidente de la Generalitat Valenciana Eduardo Zaplana y la ministra de Medio Ambiente Isabel Tocino. Fueron obsequiados con un copioso abucheo por la ciudadanía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Hiroshima: 81 años después

🕊️ Cúpula de la Bomba Atómica (Genbaku Dome) en Hiroshima, Patrimon...