domingo, 28 de junio de 2026

La Torrevieja que nos vio nacer

Esta joya de fotografía aérea del archivo histórico de Torrevieja se sitúa, con mucha probabilidad, en la segunda mitad de la década de 1960 (aproximadamente entre 1964 y 1968). Se trata de un periodo clave en la historia contemporánea de España, cuando el país emergía de la autarquía e iniciaba su integración en la economía occidental tras el Plan de Estabilización de 1959.

1. El contexto histórico: el "desarrollismo" en pañales

La imagen captura el inicio del turismo de masas en la costa levantina, un fenómeno que irrumpe en Torrevieja a partir de 1965 aproximadamente. España se abría al mundo exterior, el franquismo buscaba legitimación económica y el litoral mediterráneo empezaba a convertirse en el patio de recreo de la Europa industrializada. En ese contexto, Torrevieja —hasta entonces un modesto pueblo de pescadores y salineros— comenzaba a transformarse en destino turístico, aunque todavía no se había desatado la fiebre constructora de los años 70 que llenaría la costa de rascacielos y apartamentos.

Lo que más llama la atención es ese único edificio alto de unos 9 pisos en primera línea del Paseo Vistalegre. Es el testigo perfecto de los primeros pasos del crecimiento vertical: una torre solitaria que anuncia el cambio de rumbo, mientras que el tejido urbano circundante sigue siendo predominantemente bajo y tradicional. Las primeras urbanizaciones residenciales no llegaron hasta finales de los años 60, y los grandes bloques de apartamentos se multiplicarían sobre todo a partir de 1975.

2. Un puerto de los de antes

Si te fijas en el agua, no hay club náutico moderno, ni grandes pantalanes, ni yates de lujo. Lo que ves son barcas de madera, muchas de ellas pesqueras y pequeños botes diseminados de forma tradicional. La explanada del puerto es prácticamente un descampado de tierra y arena, muy lejos del paseo marítimo hiperurbanizado que conocemos hoy.

El puerto de Torrevieja, inaugurado finalmente en septiembre de 1929 tras 67 años de obras intermitentes, había sido concebido para proteger la flota mercante salinera y pesquera de las corrientes costeras. En los años 60, seguía cumpliendo esa función primordialmente productiva. Los balnearios de la playa —que habían florecido en las décadas de 1920-30— desaparecieron en los años sesenta con el relleno del muelle pesquero, y las casetas de madera de los baños de La Marina fueron desmontadas, dejando paso a los primeros chalés en la carretera a Cartagena.

3. La Iglesia de la Inmaculada Concepción y el casco antiguo

A la izquierda destaca majestuosa la silueta de la Iglesia de la Inmaculada Concepción y la Plaza de la Constitución. El templo que se ve es el edificio neoclásico reconstruido tras el devastador terremoto de 1829 —que destruyó casi la totalidad del municipio— y finalizado en 1880, con sus torres rematadas en 1907. Su presencia domina un tejido urbano compuesto casi en su totalidad por las tradicionales casas bajas de planta baja o un solo piso con tejados de teja árabe, el paisaje urbano heredado de siglos de historia marinera y salinera.

La plaza y sus alrededores representan el corazón del Torrevieja histórico, un espacio que había sobrevivido al terremoto del siglo XIX y que, en los años 60, aún no había sido alterado por la especulación inmobiliaria que transformaría radicalmente la fisonomía del municipio en las décadas siguientes.

4. Un horizonte completamente vacío

Si miras al fondo, hacia el interior de la Vega Baja del Segura, el paisaje es puramente rural, árido y agrícola. Hoy en día, toda esa zona de fondo está absolutamente cubierta por urbanizaciones, chalets and carreteras.

La Vega Baja had sido a lo largo de la historia una comarca eminentemente agrícola, regada desde época musulmana y dedicada al cultivo de cítricos, hortalizas y productos de huerta. A partir de mediados del siglo XX, y sobre todo desde la década de 1960, el turismo de masas empezó a competir con la agricultura por el uso del suelo. Los secanos de escaso valor económico que integraban las antiguas haciendas del litoral —entre La Mata y El Torrejón— experimentaron una revalorización espectacular: parcelas que en 1950 se vendían a 15-20 pesetas el metro cuadrado, en 1960 ya costaban 200 pesetas.

En 1966 se produjo la primera gran entrada de capital extranjero: una comunidad de 50 suecos adquirió terrenos para construir la colonia Lomas del Mar. Ese mismo año, el ferrocarril de viajeros —que desde 1945 había transportado masivamente a los habitantes del Bajo Segura y Murcia hacia Torrevieja en verano, llegando a movilizar 1.200-1.500 viajeros los fines de semana— fue suprimido en 1970, cediendo su papel al transporte por carretera. La carretera N-332 y sus ramales (C-3321, A-332) se convirtieron en las nuevas arterias del turismo.

5. Una Torrevieja en plena transición

Es una captura increíble de una Torrevieja en plena transición: a punto de dejar atrás su fisonomía de pueblo tranquilo para convertirse en la potencia turística que es hoy. En apenas una década, entre 1965 y 1975, la función agrícola de las tierras del litoral se vería suplantada por la función recreativa y del ocio. El municipio pasó de extenderse desde el canal del Acequión a la Plaza de Oriente a convertirse en una ciudad lineal que colonizaba todo el litoral, y posteriormente los contornos de la laguna.

La imagen fija un momento único: cuando el desarrollismo español aún estaba en pañales en esta esquina del Mediterráneo, cuando el suelo costero comenzaba a revalorizarse pero aún no había explotado, y cuando Torrevieja conservaba el alma de pueblo marinero justo antes de que el hormigón la transformara irreconociblemente.

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