Guardamar ya no existe.
«Solo dos molinos de viento han quedado en pie»
Entre los numerosos documentos que relatan los efectos de los grandes terremotos de la Vega Baja, pocos resultan tan impactantes como la crónica que reproducimos a continuación. Se trata de una descripción contemporánea de los devastadores terremotos de 1829 que afectaron gravemente a la Vega Baja del Segura, especialmente a Guardamar, Almoradí, Rafal, Dolores y otros pueblos de la comarca.
La frase «Guardamar ya no existe» refleja con toda su crudeza el impacto percibido por los cronistas en los días inmediatamente posteriores al desastre. Más que una exageración literaria, transmite la magnitud de una tragedia que transformó para siempre el paisaje, la arquitectura y la vida de miles de personas.
Crónica del terremoto
Las torres del Cármen calzado han quedado inclinadas la una hácia la otra: son muchísimas las casas que han padecido quebranto, entre otras la del Ilmo. Sr. Obispo; muchas se han abierto íntegramente de poniente á levante, que es la dirección que se ha observado en los terremotos.
En los Garres se han asolado algunas casas, pereciendo algunas gentes, y una de las sierras que hay sobre dicha población se ha corrido. Cerca de la parroquia de S. Nicolás una jóven que estaba en un balcón, sorprendida y llevada de la idea de que su casa estaba ruinosa, se tiró del balcon á la calle, y parece que la infeliz está reventada y que morirá.
Poco más de esto es lo que puede decirse con respecto á esta ciudad, en la que todos los dias siguen sintiéndose terremotos, aunque pequeños. Corren tristes noticias de Cartagena: dicen que se han arruinado varias casas del barrio de la Serreta.
El apoderado del Sr. duque de S. Fernando dice que una balsa, que estaba casi acabada de hacer en el campo y la casa contigua á ella, desaparecieron sin saberse cómo, á presencia de los trabajadores que acababan de dar de mano al trabajo de aquel dia.
De Orihuela se cuentan tambien cosas muy tristes, y se habla además de la ruina de algunos edificios, del resentimiento de otros, y de varias desgracias de que no se tienen aun noticias enteramente seguras.
La iglesia de la villa del Rafal se ha asolado con una infinidad de casas, siendo á proporcion los accidentes funestos. En Almoradí, segun carta segura, iban ya sacados de entre las ruinas un número considerable de cadáveres. De los pueblos de la Majada y otros inmediatos se cuentan calamidades.
En los Dolores se abrió un costado del granero de la administración de la fundación del cardenal Belluga: la fuerza del terremoto hizo salir por la abertura como tres ó cuatro cahices de trigo, y en seguida se cerró la quiebra de tal manera, que ni aun se conoce el sitio donde se hizo.
«Guardamar ya no existe. Solo dos molinos de viento han quedado en pie. Todo se ha hundido, y ni rastro queda de lo que había en donde se ha verificado el hundimiento.»
Como anoche después de oscurecer en poco rato se sintieron cinco ó seis terremotos seguidos, hubo gran confusión; muchas gentes tomaron un colchón y una almohada, y se fueron á las huertas; otras han pasado la noche en los patios ó descubiertos de sus casas, y otras en las plazas, ó á la inclemencia, ó dentro de carruajes.
Un testimonio histórico excepcional
El terremoto de 1829 constituye uno de los mayores desastres naturales documentados en la historia de la provincia de Alicante. Guardamar del Segura fue una de las poblaciones más afectadas y, tras la catástrofe, tuvo que ser prácticamente reconstruida. La intensidad emocional de esta crónica nos permite comprender el miedo, la incertidumbre y el sufrimiento que vivieron quienes presenciaron aquellos acontecimientos.
Casi dos siglos después, estas palabras siguen conservando toda su fuerza. Son el eco de una tragedia que marcó para siempre la memoria colectiva de la Vega Baja y que forma parte inseparable de la historia de Guardamar del Segura.
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