lunes, 13 de julio de 2026

La pequeña Edad de Hielo en la Vega Baja del Segura

Paleoclimatología del Mediterráneo · Historia Local

La pequeña Edad de Hielo en la Vega Baja del Segura

Entre el frío del norte y la inestabilidad del sur: una crisis agroclimática que redefinió el paisaje del Bajo Segura.

📜  Recopilación de José Ramón

PEQUEÑA EDAD DE HIELO EN LA VEGA BAJA DEL SEGURA

La Pequeña Edad de Hielo (PEH) no debe entenderse como un bloque de frío uniforme, sino como un periodo de alta volatilidad climática. En el caso específico del Bajo Segura y el Levante español, el impacto no se manifestó tanto en temperaturas extremas de congelación prolongada —como sí ocurrió en el centro y norte de Europa— sino en una inestabilidad pluviométrica radical.

El impacto climático en el Bajo Segura

Para nuestra comarca, el siglo XVII no fue una era de glaciación constante, sino una "crisis agroclimática" caracterizada por:

  • Irregularidad extrema: El fenómeno meteorológico dominante no fue el frío, sino la alternancia violenta entre sequías prolongadas que agotaban los acuíferos y avenidas torrenciales que desbordaban el Segura.
  • Vulnerabilidad del terreno: Como bien señaló Cavanilles al observar el paisaje del Bajo Segura a finales del XVIII, gran parte del área era una llanura aluvial, húmeda y salobre. En el XVII, esto significaba que cualquier alteración del régimen de lluvias transformaba el territorio en una zona de marjales inestables o de campos sedientos.
  • Impacto en la agricultura: La inestabilidad afectó a la "vecería" (la alternancia de cosechas abundantes y escasas) de cultivos clave como el olivo y los cereales. El Mínimo de Maunder (1675-1715) coincidió con una fase de enfriamiento que, en el Mediterráneo, se tradujo más en otoños e inviernos erráticos que en inviernos árticos.

Sobre las temperaturas

Es difícil asignar una cifra exacta de temperatura para el Bajo Segura en el XVII debido a la falta de registros instrumentales de la época, pero la paleoclimatología nos da referencias útiles:

  • Descenso térmico general: En la Península Ibérica, los estudios sugieren que las temperaturas medias durante los episodios más intensos de la PEH oscilaron entre -1 °C y -2,5 °C por debajo de los promedios de épocas más cálidas anteriores.
  • Contraste local: Mientras que en el norte de España se llegaron a congelar ríos importantes (como el Ebro a su paso por Zaragoza en episodios excepcionales), en el Bajo Segura las heladas no eran el factor destructivo principal, sino la frecuencia de los inviernos fríos que afectaban a los ciclos de plantación.
  • Referencia moderna: Los registros actuales señalan que los años finales del siglo XX fueron los más cálidos en al menos 410 años, lo que pone de relieve que el clima del XVII era, comparativamente, mucho más inestable y fresco que nuestro presente.

Nota técnica: Los cronistas de la época, más que medir grados, medían la "catástrofe". En el Bajo Segura, el éxito o fracaso de la economía dependía de la gestión de las avenidas y del mantenimiento de las infraestructuras de riego frente a estas variaciones térmicas que, aunque parezcan moderadas en números (1-2 grados), alteraban por completo el ciclo biológico de la huerta tradicional.

🔬 Ampliación y fuentes· Rosa María González

El mínimo de Maunder y el Levante español: más allá del frío

El Mínimo de Maunder (1645-1715) representa el episodio de mínima actividad solar más intenso de los últimos milenios, coincidiendo con la fase más crítica de la Pequeña Edad de Hielo. Sin embargo, su impacto en el Mediterráneo occidental —y particularmente en el Levante español— desafía la imagen estereotipada de glaciares y ríos congelados. Como señalan Rodrigo, Barriendos y Sánchez-Lorenzo en sus reconstrucciones paleoclimáticas, la Península Ibérica experimentó durante este periodo una "variabilidad pluviométrica extrema" más que un enfriamiento uniforme.

Los estudios de Rodrigo y Esteban-Parra (1994, 2008) sobre Andalucía y el sureste peninsular revelan que el siglo XVII fue el más húmedo de los últimos quinientos años en términos de precipitación extrema, pero también uno de los más propensos a sequías prolongadas. Esta paradoja mediterránea —sequías y avenidas coexistiendo— es precisamente lo que en la recopilación de José Ramón se identifica como la "crisis agroclimática" del Bajo Segura.

Las Riadas del Segura en el Siglo XVII: Un Calendario de Catástrofes

Los registros históricos de la Confederación Hidrográfica del Segura y los estudios de Arévalo (1967) y Chacón Giménez (1979) documentan una cronología implacable. El siglo XVII abrió con la riada del 16 de septiembre de 1600, seguida por la del 5 de octubre de 1602, y las de 1604, 1612 y 1615. Pero fue la Riada de San Calixto del 15 de octubre de 1651 la que marcó un antes y un después en los anales hidrológicos de la cuenca.

Cronología de Riadas Críticas (Siglo XVII)

1651 (San Calixto, 15 oct): Una de las más trágicas registradas. Desbordamiento del Segura con daños catastróficos.

1653 (San Severo, 5 nov): Peor que la de San Calixto. ~200 muertos en Murcia, 2.000 edificios arruinados, daños por dos millones de ducados. En Lorca, el barrio de San Cristóbal desapareció.

1656 (23 feb): Avenida del Guadalentín. Daños severos en infraestructuras de riego.

1664 (San Miguel Arcángel, 29 sep): El Segura se llevó la presa de la Contraparada, dejando la huerta de secano.

1672 (San Patricio, 5-15 mar): Inundaciones que duraron diez días. Una de las mayores de la huerta. Impulsó la restitución de la caja antigua del Guadalentín.

1683 (Santo Tomás, 21 dic): Afectó la huerta pero no entró en Murcia.

1694 (Santa Catalina, 21 oct): El Segura se llevó la mitad del azud de la Contraparada. Reconstrucción: 86.253 maravedís.

Estos eventos no eran aislados; formaban parte de un patrón de inestabilidad hidrológica que caracterizó todo el periodo del Mínimo de Maunder. Como documenta la Confederación Hidrográfica del Segura, la confluencia de las ondas de crecida del Segura y el Guadalentín —ambos ríos alimentados por precipitaciones de orografía similar— multiplicaba exponencialmente el impacto de cada avenida.

Las "Rogativas pro Pluvia": Liturgia ante la Incertidumbre

Frente a esta volatilidad climática, la sociedad del Bajo Segura —y del Levante en general— desarrolló un sistema ritual de respuesta que hoy nos parece arcaico, pero que entonces constituía la única "tecnología" disponible para gestionar la ansiedad colectiva ante el desastre: las rogativas pro pluvia (y sus contrarias, las rogativas para que cesara la lluvia).

Como documenta Pico Pascual en su estudio sobre Valencia a principios del siglo XVII, estas ceremonias no eran meras supersticiones populares, sino actos institucionalizados de gobierno municipal. El "Dietari" de la ciudad de Valencia registra procesiones continuas durante sequías prolongadas: en noviembre de 1624, trece procesiones consecutivas a diferentes parroquias; en 1627, treinta y seis procesiones entre noviembre y enero, culminando con un Te Deum cuando finalmente llovió. Como señala Arimany, fue precisamente durante la Pequeña Edad de Hielo (siglos XIV-XIX) cuando estas prácticas alcanzaron su "mayor efervescencia".

Protocolo de Rogativas (Diócesis de Vic, ~1820): Primer nivel: ruegos en misas. Si no resultaba, traslado de reliquias. Tercer nivel: procesión con la Vera Cruz. Cuarto nivel: procesión multitudinaria al santuario. Último recurso: traslado de la Virgen. Cada escalón representaba una intensificación de la "negociación" con lo divino.

En la cuenca del Segura, las fuentes eclesiásticas y municipales recogen estas mismas prácticas. La Virgen de Moratalla, rebautizada como "de la Rogativa" tras una procesión de 1535, es testimonio de una devoción climática que pervivió durante siglos. Las "Acciones de Gracias" —celebraciones post-lluvia— completaban el ciclo ritual, reconociendo que la precipitación era un don, no una garantía.

El Contexto Paleoclimático: ¿Por Qué el Mediterráneo Fue Diferente?

La investigación de Moreno et al. (2012) sobre reconstrucciones paleoclimáticas en la Península Ibérica, junto con los trabajos de Rodrigo y Barriendos (2008), permite comprender por qué el Levante español experimentó una PEH "a la mediterránea". Mientras que en el norte y centro de Europa el enfriamiento se tradujo en inviernos prolongados y glaciares avanzados, en el Mediterráneo occidental el descenso térmico (~1°C respecto a 1961-1990) alteró los patrones de circulación atmosférica, intensificando la variabilidad estacional.

Los datos de Rodrigo (1994) para Andalucía y el sureste indican que el periodo 1600-1700 fue particularmente propenso a precipitaciones de intensidad extrema (30-125 litros/m² en 24 horas), concentradas en octubre y noviembre —exactamente los meses de las riadas documentadas en el Segura. Esta concentración torrencial del otoño, combinada con sequías primaverales, creó el escenario de "vecería" que la recopilación de José Ramón describe: abundancia y escasez en un ciclo biológico alterado.

Claves del Impacto Diferencial en el Mediterráneo

Orografía: Cuencas pequeñas y pendiente acusada = respuesta hidrológica rápida y violenta a precipitaciones extremas.

Suelo: Llanuras aluviales (como señaló Cavanilles) = alta vulnerabilidad tanto a la inundación como a la salinización por sequía.

Cultivos: Olivo y cereales de secano = dependencia crítica de la regularidad estacional, no solo de la cantidad total de lluvia.

Así, cuando en el texto de José Ramón se señala que los cronistas medían la "catástrofe" más que los grados, se está capturando una verdad fundamental de la PEH mediterránea: no era el frío en sí, sino la pérdida de predictibilidad lo que destruía economías y vidas. Un grado menos de temperatura media no mata cosechas; una avenida que llega tres semanas antes de lo habitual, o una sequía que se prolonga dos meses más, sí lo hace.

Conclusión: La Memoria del Agua

La Pequeña Edad de Hielo en la Vega Baja del Segura no dejó glaciares ni pinturas de patinadores sobre hielo. Dejó algo más insidioso y más revelador: una memoria hidrológica escrita en las obras de contención del río, en los nombres de santos que bautizaron cada riada, en las procesiones que aún hoy recorren pueblos de la comarca cuando la sequía se prolonga.

El testimonio recogido por José Ramón, complementado por los datos paleoclimáticos, nos recuerda que el cambio climático no siempre llega con termómetros. A veces llega con calendarios alterados, cosechas perdidas y rituales de desesperación. Y que la diferencia entre una sociedad que resiste y una que colapsa no está en la magnitud del fenómeno, sino en la capacidad de nombrarlo, medirlo y adaptarse —algo que, cuatrocientos años después, seguimos aprendiendo a hacer.

Referencias Académicas (Ampliación)

Arévalo, E. (1967). "Relación de grandes inundaciones en la provincia de Murcia". Confederación Hidrográfica del Segura.

Arimany, J. (2023). "Procesiones y rogativas para pedir lluvia, una tradición que viene de lejos". La Vanguardia, 22 de mayo.

Chacón Giménez, F. (1979). Murcia en la centuria del Quinientos.

Confederación Hidrográfica del Segura. "Cronología de riadas en la cuenca del Segura". www.chsegura.es

Moreno, A. et al. (2012). "The Medieval Climate Anomaly in the Iberian Peninsula". Paleo3 Research.

Pico Pascual, M. Á. "Las rogativas en la Valencia de principios del siglo XVII". Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Rodrigo, F. S. (1994). Cambio climático natural: la pequeña edad de hielo en Andalucía. Reconstrucción del clima histórico a partir de fuentes documentales. Tesis doctoral, Universidad de Granada.

Rodrigo, F. S. y Barriendos, M. (2008). "Reconstruction of seasonal and annual rainfall variability in the Iberian peninsula (16th–20th centuries) from documentary data". Global and Planetary Change, 63, 243-257.

SFTT Murcia (2022). Inundaciones y sequías en la cuenca del río Segura.

Rosa María González

Prompt engineer · Maquetador/Diseñador web

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