
La tierra de los mil señores · Desde la conquista de 1243 hasta la abolición de 1837, la Vega Baja del Segura fue un territorio gobernado por leyes distintas según de qué lado de una frontera invisible te hubiera tocado nacer. Un mismo río, un mismo paisaje, y sin embargo, mundos jurídicos diferentes.
La tierra de los mil señores
Durante casi seiscientos años, desde la conquista castellana de 1243 hasta la abolición definitiva de los señoríos en 1837, la Vega Baja del Segura fue un territorio fragmentado jurídicamente. Un mismo camino podía cruzar, en pocos kilómetros, tierra de realengo, un señorío alfonsino y un enclave de mixto imperio, y en cada tramo regían normas distintas para el mismo tipo de disputa.
El arrabal de los comerciantes (1243)
Cuando las huestes castellanas entraron en Orihuela en 1243, Yusuf, mercader de telas, tuvo que decidir en pocos días si se iba o se quedaba. Se quedó. Como él, cientos de familias mudéjares permanecieron en sus casas, sus huertas y sus oficios, ahora bajo un rey distinto.
Extramuros de la villa, donde antes solo había campo, empezó a levantarse un nuevo barrio de comerciantes y artesanos: el Arrabal Roche, que con los siglos los vecinos acabarían llamando Rabaloche.
No había todavía leyes especiales para gobernar aquello. Solo dos realidades simples: Orihuela y Guardamar pertenecían al rey, y algunas tierras habían sido entregadas a los nobles que habían luchado en la conquista, quienes gobernaban allí casi a su antojo, sin más límite que su propia voluntad.
La revuelta (1264)
Veintiún años después, el hijo de Yusuf, ya un hombre hecho, vivió la revuelta mudéjar que sacudió toda la Vega Baja. Cuando los castellanos la sofocaron, la respuesta fue tajante: gran parte de la población mudéjar de Orihuela fue desplazada al otro lado del río Segura.
Allí, entre juncos y tierras de cultivo, nació el Arrabal de San Agustín. La convivencia continuaría, pero marcada ya por la desconfianza y por fronteras invisibles que el río parecía dibujar entre unos vecinos y otros.
Durante las siguientes generaciones, la Vega Baja siguió creciendo sin una ley clara que ordenara quién mandaba dónde y con qué límites. Esa incertidumbre duraría casi setenta años más.
El pergamino de Alfonso (1329)
Noviembre de 1329. En la plaza de Orihuela, un escribano leyó en voz alta ante los vecinos un documento recién llegado de las Cortes de Valencia: el fuero setenta y ocho, concedido por el rey Alfonso IV de Aragón, "el Benigno".
Todo lugar que reúna quince casas de cristianos podrá tener señor con jurisdicción alfonsina: justicia civil, y parte de la criminal, siempre que no llegue a pena de muerte o azotes.
Entre la multitud, Martín, un labrador que llevaba toda la vida abriendo cada mañana las compuertas de su acequia, escuchó con atención, aunque sabía que aquello apenas le afectaba: él vivía en tierra de realengo, bajo la autoridad directa del rey, sin señor de por medio. Pagaba sus impuestos a los oficiales reales y, si tenía un pleito, lo resolvía un juez de la Corona. Era, sin saberlo, uno de los más protegidos de aquel nuevo mapa legal.
Martín
Labrador en tierra de realengo. Bajo la autoridad directa del rey, sin señor de por medio. El más protegido del nuevo mapa legal.
Isabel
De un pueblo con señor y jurisdicción alfonsina. El señor administraba justicia, pero con límites. Posibilidad de apelar a instancia superior.
Fabiana
Hija de salinero en pueblo demasiado pequeño. El señor solo obtendría jurisdicción civil; lo penal seguía en manos anteriores. Apelaciones que tardaban meses.
Y más al interior, en tierras de señoríos mucho más antiguos, el poder era todavía mayor: la jurisdicción baronal, el "gubernatorio nomine", daba al señor la potestad plena, incluidas las penas de sangre, casi sin nadie por encima que pudiera frenarle.
El día a día bajo cuatro leyes distintas
Con los años, los hijos de Martín, Isabel y Fabiana aprendieron a moverse por un territorio donde la ley cambiaba con el paisaje. Un mismo camino podía cruzar, en pocos kilómetros, tierra de realengo, un señorío alfonsino y un enclave de mixto imperio, y en cada tramo regían normas distintas para el mismo tipo de disputa.
Las cuatro jurisdicciones de la Vega Baja
Lo que de verdad organizaba la vida cotidiana, sin embargo, no eran los pergaminos de las Cortes, sino el agua. Las acequias marcaban los turnos de riego, las disputas por el caudal del Segura, los acuerdos entre vecinos.
De esa costumbre, más fuerte que cualquier fuero, nacerían con el tiempo los Juzgados Privativos de Aguas, que sobrevivirían a reyes, guerras y cambios de régimen.
El fuero que no murió (1707–1772)
Casi cuatro siglos después de aquella lectura en la plaza de Orihuela, en 1707, un nuevo rey —Felipe V, tras ganar la Guerra de Sucesión— abolió los viejos fueros del Reino de Valencia. Muchos pensaron que aquello acabaría también con las jurisdicciones alfonsinas.
Aquellas jurisdicciones no podían desaparecer, porque los señores las habían adquirido pagando por ellas, de buena fe, generaciones atrás.
El viejo fuero de Alfonso sobrevivió a la caída de todo lo demás.
Décadas más tarde, en 1772, una Real Provisión lo confirmó de nuevo por escrito, como si el rey quisiera dejar constancia de que aquel pacto medieval seguía en pie.
El final (1811–1837)
Tuvo que llegar 1811, y las Cortes reunidas en Cádiz, para que el sistema empezara a resquebrajarse de verdad. Un decreto proclamó que todos los señoríos jurisdiccionales, sin excepción, quedaban incorporados a la Nación.
El camino hacia la abolición
El cierre de un ciclo de seiscientos años
Así, después de casi seiscientos años —desde la conquista de 1243 hasta la ley de 1837—, se cerró el ciclo que había comenzado con un arrabal de comerciantes junto a Orihuela y había pasado por la lectura de un pergamino en 1329.
Un territorio, un mismo río Segura, gobernado durante siglos por leyes distintas según de qué lado de una frontera invisible te hubiera tocado nacer.
Nota del autor
Los nombres de Yusuf, Martín, Isabel y Fabiana son recreaciones literarias basadas en arquetipos sociales documentados en la Vega Baja de la Baja Edad Media. Los hechos históricos —la conquista de 1243, la revuelta de 1264, el fuero 78 de 1329, la supervivencia de las jurisdicciones tras 1707 y la abolición de 1837— están documentados en fuentes históricas del Reino de Valencia.
Rosa María González · Prompt engineer · Maquetador/Diseñador web
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