Paleoambiente, Historia y Geografía / El Bajo Segura
La antigua Albufera del Bajo Segura: Evolución, conflictos y la metamorfosis del Llano de la Checa
De territorio anfibio medieval a una de las huertas más fértiles de Europa. Un recorrido por la historia de las marismas que rodeaban la Sierra del Molar y cómo la geografía sigue reclamando su memoria.
1. El mapa del agua: La Frontera de los 10 Metros
El paisaje medieval de la zona baja del Vinalopó y del Segura estaba dominado por la antigua Albufera de Elche (el Sinus Illicitanus romano), un gigantesco complejo lagunar. Basándose en los clásicos estudios del geógrafo Antonio Gil Olcina y las tesis de Juan Antonio Gutiérrez Marín (1955), se puede trazar la frontera histórica del agua: la curva de nivel (isohipsa) de los 10 metros sobre el nivel del mar.
• El Cinturón del Marjal: El agua dulce y salobre lamedía el piedemonte de la Sierra de Crevillente y Albatera, bajando hacia el sur hasta el río Segura, dejando a núcleos como Almoradí y Daya Vieja en la misma orilla de la marisma.
• La Península del Molar: En este entorno, la Sierra del Molar ofrecía el aspecto de una imponente lengua de tierra —una península en mitad de la marisma— rodeada de lagunas por el norte y el oeste, y separada del mar hacia el este únicamente por las dunas móviles de Guardamar.
2. El testimonio de 1288: Delimitación de las «Malas Tierras»
Como señalan las investigaciones de Azuar (1991) y De Gea (1997), los repartimientos cristianos definieron los límites entre el espacio agrícola y el "marginal". La respuesta documental la encontramos en el encabezado de la Quinta Partición de Orihuela (1288) (Torres, 1988: 89), donde se describen las tierras que habían llegado intactas o "fosilizadas" desde la época islámica:
«...non fora dada ni partida en las otras particiones...»
El documento calificaba estas tierras adyacentes a «los armagales et los saladares» como «mala terra» porque ningún colono las había querido por su improductividad, confirmando que «en tempo de moros nonqua foron sogueadas» (nunca fueron trabajadas por los musulmanes). Al quedar como espacio virgen y común, se sembró la semilla de futuros pleitos.
3. Siglo XV: Los pleitos por la pesca y la salicornia
Cuando el valor económico de estos marjales aumentó a finales de la Edad Media, la ambigüedad de sus fronteras desató una guerra jurídica detallada por el cronista Fr. Pedro Bellot (Anales, Tomo II):
• Las Pesquerías (1417): Elche intentó imponer sus términos reales sobre las aguas de la albufera, confiscando las redes de los pescadores de Guardamar y la Daya en una laguna que aún generaba cuantiosos ingresos por la pesca de anguilas y múgiles.
• La Salicornia (1482): El conflicto se trasladó a los saladares secos por la recolección de la salicornia (hierba de barrilla), el "oro verde" necesario para la industria del jabón y del vidrio. Las incautaciones de los guardas ilicitanos provocaron fuertes choques entre los señores de la Vega Baja y el patrimonio real de Elche.
4. El Llano de la Checa: De marjal pesquero a huerta roturada
A finales del siglo XVII, este espacio seguía manteniendo su fisonomía lacustre. Un documento de 1692 (la concesión del título de Real Villa a Guardamar) describe un mojón territorial situado justamente en medio de este humedal, en un paraje llano llamado "el Llano de la Checa". Aquel almarjal bordeaba la ladera sur de la Sierra del Molar, conectando hídricamente las albuferas de Guardamar y Elche, y seguía aportando pingües ingresos por derechos de pesca.
La Desecación del siglo XVIII
Sin embargo, la fisonomía milenaria de este suelo cambió radicalmente pocas décadas después. En el siglo XVIII, el Cardenal Belluga y el Marqués de Elche iniciaron la descomunal obra de desecación de las marismas de la Vega Baja. Mediante una compleja red de canales de drenaje (azarbes), lo que era un terreno pantanoso e insalubre se transformó en una de las huertas más fértiles de la provincia, dando origen a la fundación de nuevos municipios como San Fulgencio (1729) sobre las tierras recién ganadas al agua.
📍 El Llano de la Checa hoy en día
Actualmente es una zona de regadío intensivo fuertemente antropizada en el entorno de San Fulgencio, Guardamar y Daya Nueva. Aunque la toponimia original haya quedado sepultada en las parcelas catastrales, sus suelos arcillosos y salinos siguen delatando su origen geológico como fondo de albufera.
La huella del pasado: El riesgo de inundación
Pero la geografía tiene memoria. Al ser una llanura deprimida situada a escasísimos metros sobre el nivel del mar, el antiguo Llano de la Checa vuelve a su estado natural durante los episodios de DANA o gotas frías extremas en la Vega Baja. El terreno actúa como un vaso receptor de aguas y sufre graves inundaciones, demostrando que, a pesar de los siglos de ingeniería humana, el agua siempre busca sus antiguas cuencas y albuferas.
Esta primera definición de la extensión del saladar, que de alguna manera sigue una propuesta ya sugerida (AZUAR, 1991), parece no admitir discusión alguna (DE GEA, 1997); sin embargo, creo que los diversos repartimientos permiten una mayor definición de sus límites entre el espacio de explotación agrícola y el "marginal" que nunca fue roturado por los árabes y que así llegaron fosilizados a los conquistadores. En este sentido, son clarificadoras las palabras del monarca transcritas por el escribano en el encabezado de la quinta partición que, como se ha mencionado, fue comenzada en el año 1288, y que son del tenor siguientes:
«... por partir la terra que non fora dada ni partida en las otras particiones et fincara e llas fronteras de los armagales et los saladares. Fue fincada por mala terra que negun la quiso tomar en las otras particiones et auya y dellas mucha que en tempo de moros nonqua foron sogueadas...» (TORRES, 1988: 89).
Este almarjal no se menciona, ni recoge en el Repartimiento de Orihuela porque quedaba dentro del territorio de Guardamar y por tanto no entró en estas reparticiones (TORRES, 1988). Sin embargo, este almarjal o albufera se extendía entre los términos de la Daya y de Guardamar y así se menciona en un acuerdo del concejo de la ciudad de Orihuela, cuando se habla de la acequia, que mandó hacer el infante D. Manuel, la cual portaba agua del río a través de las albuferas de Guardamar, Orihuela y la Daya, hasta desaguar en la albufera de Elche (BELLOT, 1956: 224-5). Los límites de este almarjal que se extendía entre los términos de la Daya y de Guardamar, generaron continuos conflictos de competencias entre las dos poblaciones a lo largo de toda la baja edad media, como recoge la extensa documentación del concejo de Orihuela (BELLOT, 1956).
Este extenso almarjal, que bordeaba la ladera meridional de la sierra del Molar, aportaba pingües ingresos al municipio de Guardamar por derechos de pesca. Esta pesquería se recoge en el documento de concesión del título de Real Villa a Guardamar en el año 1692 y en el mismo, al proceder a la revisión de sus mojones, se describe aquel que existía en medio del almarjal en el lugar conocido como el llano de la Checa (MARTÍNEZ TEVA y GARCÍA AMORÓS, 1992).
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