El auge y ocaso de la flota velera de Torrevieja
Finales del XIX — Hacia 1920: una historia de sal, vela y lucha obrera
La flota velera y la huelga de los salineros
En su mejor momento, la bahía de Torrevieja llegó a albergar 211 barcos arbolados con toda clase de aparejos entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, muchos construidos en los astilleros locales de Cala Cornuda. Estas naves comerciaban con América, principalmente Cuba y Puerto Rico, y de esos viajes nació la tradición de las habaneras. Ese comercio con Cuba se prolongó desde mediados del siglo XIX hasta 1920, año que marca el fin de la gran época velera torrevejense, sustituida progresivamente por el vapor.
Lo que se sabe de la huelga local de los salineros
Según los archivos sobre la organización obrera de Torrevieja, tras el impulso inicial del movimiento socialista —sociedades obreras desde 1902, Agrupación Socialista en 1913, Juventudes Socialistas en 1914— la organización obrera torrevejense atravesó después graves dificultades a raíz de una dura huelga en demanda de las ocho horas de trabajo para los salineros. Las fuentes disponibles no precisan el año exacto ni el desenlace inmediato del conflicto, pero sí indican que fue un episodio duro que debilitó temporalmente al movimiento, antes de que este se recuperara y lograra, en abril de 1931, que la Conjunción Republicano-Socialista obtuviera 13 de los 16 concejales del Ayuntamiento, con Juan Samper Fortepiani como alcalde.
El marco nacional en el que encaja
Esta reivindicación torrevejense se enmarca en la gran ola obrera española de finales de la década de 1910. El hito nacional que la explica es la huelga de La Canadiense en Barcelona (febrero-marzo de 1919): 44 días de paro que paralizaron la ciudad y forzaron al gobierno del conde de Romanones a firmar, el 3 de abril de 1919, el decreto que fijaba la jornada máxima en 8 horas diarias y 48 semanales. España se convirtió así en el segundo país de Europa —tras la URSS— en lograr esta conquista laboral.
Por qué la sal era un frente especialmente duro
Los salineros de Torrevieja trabajaban en condiciones muy exigentes: sol directo casi constante, cargas físicas intensas y jornadas tradicionalmente largas en un sector fundamental para la economía local, ya que las Salinas Reales eran la columna vertebral del pueblo desde su fundación. No es casual que fuera uno de los oficios —junto a albañiles, marineros y estibadores— que ya en 1902 se había organizado en sociedades obreras como "La Prosperidad" o "El Yunque".
El comercio transatlántico y el nacimiento de una identidad marinera
El origen de la flota velera torrevejense no se comprende sin el comercio de la sal, motor económico del pueblo desde su fundación administrativa en 1803. En 1778, Carlos III estableció la libertad de comercio en todos los puertos españoles, lo que permitió que la sal de Torrevieja comenzara a exportarse a Buenos Aires, Uruguay y otros puertos extranjeros. Sin embargo, fue el comercio con Cuba —la "isla hermosa del ardiente sol"— el que transformó a Torrevieja en un puerto de altura.
Los barcos cargaban teja plana y sal —excelente lastre para la estabilización de veleros en travesías trasatlánticas— y regresaban con cacao, maderas de cedro, azúcar y tabaco. Los puertos cubanos de Santiago, Manzanillo y, sobre todo, La Habana, ejercían como ejes de distribución hacia toda América Latina. Esta ruta comercial, que alcanzó su apogeo durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), no solo enriqueció a los armadores locales, sino que forjó una identidad marinera única: los torrevejenses pasaron de ser pescadores y salineros a ser navegantes de altura, con una flota que alrededor de 1868 ya superaba los 200 barcos con matrícula local.
📌 Dato relevante
El contrabando con la costa norteafricana —tabaco, perfumes, sedas y mantones de Manila— fue otra fuente de capital inicial. Según el semanario Vista Alegre, "lo hacemos para poder llevar adelante a nuestras familias", decían los contrabandistas, y todo el pueblo colaboraba mientras las autoridades locales hacían la vista gorda. Esas pequeñas fortunas se reinvirtieron en la compra de la flota catalana que los comerciantes ya no consideraban rentable.
La modernización salinera y el declive del velero
La transición del siglo XIX al XX trajo consigo cambios tecnológicos que alteraron irreversiblemente el paisaje laboral torrevejense. Entre 1898 y 1922, la Compañía Arrendataria de las Salinas de Torrevieja S.A. impulsó la primera modernización técnica: el transporte tradicional en carros tirados por caballerías fue sustituido por un ferrocarril interno que llevaba la sal desde la laguna hasta las Eras de la Sal. Este aumento de producción coincidió con el apogeo de la navegación comercial, pero también con su sentencia de muerte: el vapor comenzaba a sustituir a la vela.
A partir de 1924, la Unión Salinera de España tomó el control de la explotación e introdujo en 1928 las primeras máquinas extractoras "volvedoras", diseñadas por sus propios técnicos. La consecuencia fue inmediata: aumento de producción, disminución del tiempo de extracción y, crucialmente, reducción de la mano de obra. El sector que había alimentado al pueblo desde su nacimiento comenzaba a necesitar menos brazos, justo cuando esos mismos brazos exigían condiciones dignas.
Juan Samper Fortepiani: del socialismo a la alcaldía republicana
La recuperación del movimiento obrero torrevejense tras la dura huelga salinera encontró su coronación en la figura de Juan Samper Fortepiani. A principios de 1931, el Partido Socialista contaba con 55 afiliados en Torrevieja y Samper era su representante. El 22 de marzo de 1931, la Agrupación Socialista organizó un acto pro-amnistía en la 'Casa del Pueblo', pidiendo la libertad de presos políticos y sociales.
En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, la Coalición Republicano-Socialista consiguió trece concejales, diez de ellos socialistas. Torrevieja fue denominada "la nueva ciudad roja". El 16 de abril, en el pleno de constitución del primer Ayuntamiento de la República, Samper fue elegido alcalde. Sus palabras de investidura resonan con la urgencia de quien ha visto de cerca la lucha: pidió la colaboración de los asistentes para "consolidar la naciente República" y defenderla del enemigo natural, "el régimen caduco, absolutista y caciquil que desde muchísimos años viene imperando en nuestra población". Terminó con tres vivas a la República que fueron contestados "clamorosamente".
📌 Nota biográfica
Juan Samper Fortepiani ejerció como alcalde desde el 19 de abril de 1931 hasta el 15 de octubre de 1934, cuando fue depuesto. Durante la Guerra Civil, fue objeto de persecución franquista. En 1938, todavía figuraba como presidente de actas municipales, lo que sugiere una resistencia simbólica aun después de perder el cargo. Fue, en palabras del diario Información, "un hombre del pueblo, elegido por el pueblo".
La Canadiense: el eco barcelonés que resonó en la laguna
La huelga de La Canadiense no fue un evento aislado. Fue el detonante de una ola que recorrió toda España. Comenzó el 5 de febrero de 1919 en Barcelona, cuando ocho empleados de la compañía eléctrica Riegos y Fuerzas del Ebro —filial de la Barcelona Traction Light and Power Company Limited de Toronto— fueron despedidos por organizar un sindicato. La solidaridad obrera transformó un conflicto local en una huelga general de 44 días que paralizó el 70% de la industria catalana.
Las reivindicaciones incluían aumento salarial, readmisión de despedidos y libertad para detenidos. Pero el objetivo subyacente, el que movilizó a miles, era la jornada de ocho horas. El gobierno del conde de Romanones, presionado por la parálisis de la ciudad y temiendo la propagación del conflicto a otras zonas de España —ya bastante exaltadas en lo que se conocía como el Trienio Bolchevique—, cedió. El 3 de abril de 1919 firmó el Real Decreto de la jornada de ocho horas o de cuarenta y ocho horas semanales.
España se convirtió en el segundo país de Europa —después de la URSS— en establecer legalmente la jornada de ocho horas. Un hito que, como señala el historiador Ferran Aisa, fue "el resultado de una lucha titánica del movimiento obrero organizado". Y ese eco llegó a Torrevieja, a las Salinas Reales, a los hombres que cargaban sal bajo un sol que no conoce de sindicatos ni de decretos.
Habaneras: la música de un mundo que se iba
De los viajes a Cuba y Puerto Rico nació algo más que comercio: nació la habanera. Género musical que los marineros torrevejenses trajeron de sus travesías, adaptando ritmos cubanos a la melancolía mediterránea. Las habaneras no son solo canciones: son memoria de un tiempo en que el mundo se medía en millas náuticas, cuando un velero partía de Cala Cornuda rumbo a La Habana y regresaba meses después con historias, aromas y melodías que se arraigaron en el alma del pueblo.
El Pailebote Pascual Flores, construido en 1918 en la Playa del Arenal de Torrevieja y recientemente restaurado, es hoy uno de los pocos testigos materiales de esa época. Pero las habaneras sobreviven en las voces de los coros, en las noches de verano, en la memoria colectiva de un pueblo que fue navegante antes de ser turístico.
Fuentes consultadas
- Ayuntamiento de Torrevieja — Secciones "Historia de Torrevieja" y "Evolución histórica"
- Cañizares Llanes, Manuel — La habanera en Torrevieja (Tesis doctoral, UMH)
- Pérez-Jiménez, M. Ángeles — Aspectos económicos, sociales y culturales de la industria salinera (UA)
- Cronistas Oficiales de Torrevieja — Una ciudad por Real Decreto (2017)
- Fundación Pablo Iglesias — Ficha biográfica de Juan Samper Fortepiani
- Aisa i Pàmpols, Ferran — La huelga de la Canadiense: la conquista de las ocho horas (2019)
- Archivo de la Democracia (UA) — La represión franquista en la provincia de Alicante
- Semanario Vista Alegre — Ediciones de enero 1972 y febrero 2017
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