🐛 El rumor de la seda
Memorias de una infancia entre moreras, gusanos y capullos de seda
Hay sonidos que se graban en la memoria para siempre. Uno de ellos es el crik-crik de miles de gusanos de seda devorando hojas de morera recién cortadas. Otro, el rumor de las conversaciones en la huerta, cuando el trabajo se compartía entre generaciones. Este diálogo, rescatado de un grupo de WhatsApp, nos transporta a aquellos años en los que la cría del gusano de seda era una pequeña economía doméstica, un rito de primavera y una escuela de paciencia.
Juan Mora, Javier Montesinos, Rosa, Miguel y José Ramón comparten sus recuerdos: las moreras, los zarzos de caña, el embojo, el olor a plantas aromáticas, y esa mezcla de ternura y dureza que tenía la vida rural. Acompáñanos en este viaje al corazón de la Vega Baja, donde los gusanos de seda tejían no solo capullos, sino también historias.
🗣️ Juan Mora:
Hola, Miguel. Perdona la tardanza en contestarte.
Claro que la crianza del gusano de seda fue una de las principales actividades agrícolas —o mejor, ganaderas— en la Vega allá por los años de la posguerra. Fue al menos una pequeña ayuda económica para muchas familias. El centro de la sericicultura estuvo en Orihuela y en Murcia. Allí vendían las «semillas», allí compraban los capullos de gusano después de ser «descapillados» (atención al eufemismo): consistía en arrancar los capullos de la planta —la albaida y otra nombrada en la huerta como «embojo»—, que los criadores traían de los montes cercanos y colocaban encima de los gusanos, previamente criados sobre zarzos de caña, para que hilaran cuando dejaban de comer y «comenzaban a dormir», decían en la huerta.
Una vez que se habían enrollado a sí mismos en las ramitas de las plantas, los criadores los descapillaban y los metían en sacos para llevarlos a Orihuela, a que los liquidaran sumergiéndolos en agua hirviendo para sacarles la hebra que más tarde se transformaría en camisas y kimonos de lujo. ¿Has visto qué rollo?
Claro que los he visto devorar, recién nacidos, la capa de hojas de morera que les colocábamos encima. Pues yo, con 7 u 8 años, la de veces que me he subido a la morera a coger hojas para ayudar a mis dos tías a alimentar a tanto bichito. Tengo metido en la memoria ese crik-crik que dices, y que hacían al zamparse las recién recolectadas hojas, tan anchas como pámpanos. Y también el olor, y la calor del habitáculo donde crecían y crecían.
Mis jóvenes tietas —tendrían por los 18 o 20 años— los criaban para hacerse con algunas pocas pesetas con destino a sus respectivos ajuares.
Y no te digo más que no sepas sobre la pintoresca crianza del gusano de seda. Ah, lo último. Uno de mis más remotos recuerdos: una vez vi cómo sacrificaban a los pobretes bichejos al utilizar los zarzos para contener al salvaje Segura cuando el gigante, inflado de agua hasta la garganta, decidía darnos un baño no deseado. Colocaban, entre gritos y sollozos, los zarzos en la mota del río cuando ya habían agotado todos los recursos disponibles.
Tras todo este rollo, quizá el amigo José Ramón tenga a bien montarnos un cuento.
Buenas tardes.
🗣️ Javier Montesinos:
Juan, la palabra «embojo» viene de una palabra catalana, «botja», que significa brote o retoño. El embojo en la cría de los gusanos de seda se refiere a la colocación de un conjunto de ramas secas y flexibles, de diferentes tipos de plantas: la santolina, la globularia, la ajedrea, la artemisa, el romero, la madreselva, la boja, el esparto, la retama... Todas plantas aromáticas y medicinales que, además de dar un olor característico al lugar de cría de los gusanos, ese olor atraía a estos al entramado de ramas para que comenzaran la fabricación de capullos de seda.
🗣️ Rosa:
Yo también he criado gusanos de seda. Me encantaba su textura fresquita, el olor de las moreras y su metamorfosis. ¡Qué tiempos de inocencia!
🗣️ Javier Montesinos:
Hasta el año pasado mis nietos han disfrutado viendo cómo se producía el fenómeno de la metamorfosis en una caja de zapatos.
🗣️ Juan Mora (a Javier):
Yo creo que para embojar traían carretas colmadas de plantas de albaida recolectadas en los montes de Rojales, por la Berná, el Recorral y los alrededores del Cabezo Lucero. También una planta de florecitas blancas, que es melífera, creo que se llama dorinium o algo así.
¿Se criaba gusano de seda en Guardamar? También a mi hija de pequeña, todas las primaveras, le tenía que llevar la cajita con los gusanos.
🗣️ José Ramón (a Juan):
Yo también he criado, pero por gusto. No me consta que se produjera a gran escala, a pesar de haber en la huerta moreras enormes, a las cuales trepaba, saco en mano, para recoger las hojas más grandes. Los mimaba en exceso, hasta que llegó la hora de liberarlos.
🗣️ Javier Montesinos (a Juan):
El dorinium no sé si te refieres a una planta que hoy se llama Lotus, conocida como bocha o socarrillo. Y la otra a la que te refieres es la albaida, que es la Anthyllis, un arbusto de flores amarillas. Se trata también de plantas aromáticas que están en todas las montañas de nuestros alrededores.
Que yo tenga constancia, en Guardamar no se criaba el gusano de seda.
🗣️ Miguel:
Yo conocí ésa actividad extra —con la que se sacaba un dinero extra como bien se ha apuntado, en las humildes economías domésticas— de niño (chiguito), cuando iba a ver a mis primos de la Huerta de Dolores allá a finales de los "60".
Recuerdo una gran habitación ventilada y, al igual que tú, Juan, el ruido de los miles de gusanos devorando las hojas de morera recién cortadas y el olor que impregnaba la estancia, como de humedad y olor a vegetal.
Pocos años después se terminó ésa actividad, como bien es sabido, con la irrupción de los tejidos textiles sintéticos y el consiguiente cierre de las «fábricas» de la seda de Orihuela y Murcia. Quizás hayan más motivos del cese de aquella actividad.
✦ Y así, entre moreras y zarzos, entre el crik-crik de los gusanos y el olor a plantas aromáticas, se tejía la seda de los recuerdos. Una seda que no se deshilacha con el tiempo, porque está hecha de infancia, de trabajo compartido y de esa memoria colectiva que, como los capullos, guarda en su interior la historia de un pueblo.
La seda, como tantas otras tradiciones, se fue desvaneciendo con la llegada de los tejidos sintéticos y el cierre de las fábricas de Orihuela y Murcia. Pero el rumor de aquellos gusanos, el olor de las moreras y la imagen de las tietas cosiendo capullos para sus ajuares sigue vivo en quienes lo vivieron. Y ahora, también, en estas páginas.
Gracias a Juan, Javier, Rosa, Miguel y José Ramón por abrir sus cajones de recuerdos y permitirnos asomarnos a aquella Vega Baja donde los gusanos de seda eran, para muchos, la primera lección de vida: la paciencia, la observación y el respeto por los ciclos de la naturaleza.
📅 Publicado el 26 de agosto de 2026 · La sección Historia y tradiciones
Rosa María González · Prompt engineer · Maquetador/Diseñador web
✦ ❧ · · · Gracias a todos los que mantienen viva la memoria de la huerta · · · ❧ ✦
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