🎣 La Peseta
"La mar da, la ley quita y la suerte —cuando quiere— negocia entre ambas."
🎣 La noche, la red y la fortuna · Illustration Prompter: Rosa
Relato enviado por: José Ramón
No hay arte más pobre ni más atrevido que el del hombre que, fiado de la noche y de su necesidad, echa al agua lo que no le consiente la ley. Y así, una noche sin luna —de aquellas que llaman los pescadores “fosca”, porque ni el cielo alumbra ni la mar delata—, juntáronse Joaquín y sus amigos en la Gola, con ánimo de tentar la fortuna y ver si el copo venía más lleno que sus bolsillos.
Llevaban la peseta en una capaza, humilde, y otra vacía, que esperaba —como vientre agradecido— el fruto del lance. Invitaron a Juan, mozo nuevo en tales ejercicios, que más sabía de miedo que de redes, aunque presto aprendió que en estas faenas el silencio vale más que la destreza. Porque no era el pescado el único que rondaba aquellas aguas, sino también el recelo de la benemérita, que todo lo huele, aun cuando no lo vea.
Entró uno al agua hasta el pecho, tirando del arte, y describió su arco, como mandan los viejos, siempre “cara a Santa Pola”, que no hay saber más cierto que el heredado. Cerraron el bol y, tirando ambos, recogieron la red con tiento, y hallaron en ella mabres relucientes, llobarros recios, algún sargo descuidado y doradas que aún batían la plata en las mallas. No dijeron palabra, pero en sus ojos se leía la ganancia.
Repitieron la suerte, y la mar, mansa como cómplice, no los desmintió. Mas ya en el tercer lance —que suele ser donde la codicia pierde lo que el trabajo gana—, al salir a la orilla con el copo henchido, dieron de manos a boca con los tricornios, que aguardaban como justicia sin venda.
Quedaron mudos, que no hay lengua que valga cuando el delito aún gotea. Y ya se veían sin pescado, sin red y con el bolsillo sangrado, cuando quiso la fortuna —que también se disfraza de parentesco— que uno de los guardias conociese en un amigo de Joaquín al cuñado que no esperaba. Miráronse, midieron más con la memoria que con la ley, y al cabo se le templó el rigor.
No salieron indemnes, que la peseta quedó por prenda y el pescado por prueba, pero escaparon del mayor castigo, que es el que duele en el bolsillo.
Y así aprendió Juan, en una sola noche, lo que otros tardan años: que la mar da, la ley quita y la suerte —cuando quiere— negocia entre ambas.
Rosa María González · Prompt engineer · Maquetador/Diseñador web
No hay comentarios:
Publicar un comentario