viernes, 7 de agosto de 2026

Las gallinas y el báculo

 

🐔 Las gallinas y el báculo

Un relato de José Ramón Aldeguer Guardamar


Ilustración de un campamento gitano en la Vega Baja, años 50

🖼️ Ilustración de un campamento gitano en la Vega Baja durante los años 50 · 

IA+Prompt: Rosa

A finales del verano de mil novecientos cincuenta y tantos, el norte de Guardamar olía a salitre reseco y a rastrojo tostado por la canícula. En el descampado del Fumaor, donde la tierra cedía ya su dominio a las primeras dunas móviles, se había instalado un pequeño campamento de toldos remendados y mulas famélicas.

Al frente de aquella recua errante estaba Melchor, el patriarca. De rostro curtido como la badana y mirada de azor viejo, Melchor no levantaba dos palmos del suelo, pero su autoridad se imponía sin necesidad de alzar la voz. Vestía traje desgastado negro a pesar del bochorno, con el chaleco abrochado hasta la garganta como un blasón de dignidad inquebrantable, y caminaba apoyado en un báculo nudoso de olivo que parecía medir las intenciones de cada forastero. Hombre de pocas palabras y de un orgullo antiguo, creía firmemente que la ley del camino exigía astucia y discreción para sobrevivir en una tierra que siempre los miraba de reojo.

Aquel equilibrio precario duró lo que tardó en romperse la confianza del vecindario. Un día de faena redonda, con el pueblo entero volcado en las faenas de la huerta y las puertas de las casas entornadas con una simple silla para frenar los portazos dados por el aire, la tentación se cruzó en el camino de los toldos. Tres gallinas desaparecieron de los corrales. En aquellos años de hambre negra, arrebatar el sustento cotidiano era un sacrilegio imperdonable.

Cuando el vecindario estalló en cólera, la benemérita no tardó en hacer acto de presencia. Al frente de la pareja iba el sargento de la Guardia Civil, don Dámaso Gómez. Don Dámaso era la viva estampa de la autoridad inflexible: alto, estirado como un palo de escoba, con el tricornio siempre ladeado milimétricamente y un bigote engomado que parecía cortar el aire. De carácter agrio y temperamento recio, no conocía más ley que el orden establecido ni admitía réplica. Para él, los forasteros eran siempre sospechosos por defecto.

El sargento se plantó en el campamento con las manos cruzadas a la espalda, haciendo sonar los tacones de sus botas contra la tierra seca. Llamó a Melchor, a Montoya...

—Aquí se respeta el pan ajeno, patriarca —le espetó don Dámaso con voz ronca, clavando sus ojos de plomo en el viejo gitano—. O me devolvéis lo robado, o aténganse a las consecuencias.

Melchor se cuadró con la misma dignidad pétrea, apoyando ambas manos sobre su báculo. Con la voz solemne de quien ha visto pasar los siglos por los caminos, juró por lo más sagrado que ninguno de los suyos había tocado pluma ajena.

—Sargento, por esta cruz de los dedos —murmuró Melchor, alzando la mano callosa—. Mis hombres buscan la vida honradamente. Habrá sido una alimaña del monte, un zorro hambriento, pero aquí no hay manos largas.

El sargento no creyó ni una sola sílaba. Días después, un vecino tropezó casualmente en el arenal cercano con los restos y el plumaje semienterrado de las aves. No hizo falta más investigación. Esa misma tarde, a golpe de vergajo y con la presión asfixiante de la autoridad, el campamento fue desmantelado a empujones y carreras. Los carros rodaron hacia el norte entre amenazas de destierro definitivo, dejando atrás un rastro de polvo y silencio.

Pasaron los años, cambiaron los tiempos y el sur del municipio, por la zona del Moncayo, vio repetirse la misma historia a principios de los ochenta. Pero Guardamar ya había tejido su muralla invisible. Entre el recelo de los mayores, la memoria del vergajo y la severidad del tricornio, el pueblo selló para siempre sus lindes, quedando al margen de la huella gitana que poblaba el resto de la comarca.

📖 Relato enviado por José Ramón Aldeguer Guardamar · Un testimonio de la memoria oral de Guardamar del Segura, que rescata del olvido las historias de sus gentes y sus paisajes.


Entrada publicada en La sección Relatos · 7 de agosto de 2026

Rosa María González · Prompt engineer · Maquetador/Diseñador web

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