sábado, 4 de julio de 2026

Guardamar tras el desastre de 1359-1360: los años de la reconstrucción y el renacer

 

 

La caída de 1360 no selló el destino de Guardamar, pero sí lo condicionó durante siglos. La villa permaneció como aldea de Orihuela, atrapada en una marginalidad que solo comenzó a revertirse cuando en 1400 Martín I de Aragón, el Humano, le concedió Carta Puebla. El documento, unido a la ampliación de tierras cultivables, permitió un crecimiento demográfico que devolvió a Guardamar un estatus jurídico propio.

Durante el siglo XV la villa creció extramuros de la ciudadela, hacia el norte, en un signo de timida recuperación. Sin embargo, la economía seguía marcada por la precariedad: pesca, sal y algo de agricultura, mientras que una población flotante de contrabandistas, forajidos y corsarios aprovechaba la debilidad del enclave.

1558: murallas contra los berberiscos

La revitalización económica atrajo un peligro nuevo: los piratas berberiscos que asolaban la costa levantina en busca de botín y cautivos. En 1558 se reforzaron las murallas, y el ingeniero italiano Gianni Baptista Antonelli proyectó una reforma adaptada a la pólvora: un lienzo liso sin torreones, una tenaza con dos baluartes sobre el río Segura y el Baluarte de la Pólvora.

En 1602, Guardamar constituyó ayuntamiento conjunto con Rojales, un paso administrativo que la distanciaba de su condición de mera aldea.

1692: la rehabilitación de Carlos II

Tras numerosos pleitos con Orihuela y el pago de una cuantiosa suma, Carlos II rehabilitó a Guardamar el título de Villa Real en 1692. Fueron necesarios más de tres siglos para revertir el castigo de Pedro el Ceremonioso. La recuperación no fue un acto de gracia real, sino el resultado de una larga lucha jurídica y económica.

Guardamar en la Guerra de Sucesión Española (1701-1714)

El siglo XVIII comenzó para Guardamar bajo el signo de una convulsión que trascendió sus murallas: la Guerra de Sucesión Española, desencadenada por la muerte sin descendencia de Carlos II en 1700. El conflicto enfrentó a dos candidatos al trono: Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV y apoyado por Castilla y Francia (los borbónicos), y el Archiduque Carlos de Austria, respaldado por Inglaterra, Portugal, Holanda y las Coronas de Aragón (los austracistas).

El Reino de Valencia, mayoritariamente austracista

A diferencia de Castilla, donde el apoyo a Felipe V fue hegemónico, el Reino de Valencia se alineó mayoritariamente con el Archiduque Carlos. Las élites urbanas, la burguesía mercantil y amplios sectores de la población rural vieron en el candidato austríaco una garantía de conservación de sus fueros, privilegios y autonomía institucional frente al centralismo borbónico.

Esta opción austracista fue especialmente intensa en las capitales —Valencia, Alicante, Orihuela— y en las zonas de interior. La costa, sin embargo, presentaba un panorama más heterogéneo, marcado por el peso de la milicia real, la presencia de guarniciones y los intereses comerciales vinculados al tráfico mediterráneo.

No existen documentos específicos que registren la posición política de Guardamar durante el conflicto. La historiografía local no ha conservado actas municipales, correspondencia o relatos de testigos que permitan determinar con certeza si la villa se inclinó hacia uno u otro bando. La ausencia de fuentes primarias obliga a la cautela: cualquier afirmación sobre alineamientos concretos en Guardamar permanece, por ahora, en el terreno de la hipótesis.

1707: los Decretos de Nueva Planta

Lo que sí consta sin género de dudas es la abolición de los fueros valencianos por Felipe V tras la Batalla de Almansa (25 de abril de 1707). El decreto de 29 de junio de 1707 derogó el Furs, el Consejo de Valencia y todas las instituciones de autogobierno del reino. La medida, presentada como castigo por la rebeldía austracista, se aplicó indistintamente a todo el territorio, incluidos aquellos municipios que pudieran haber mantenido una posición ambigua o incluso favorable a los borbónicos.

Consecuencias para Guardamar

Guardamar, como el resto del Reino de Valencia, vio desaparecer su marco jurídico histórico. Los Decretos de Nueva Planta impusieron:

  • La administración castellana: corregidores y intendentes nombrados desde Madrid
  • La unificación fiscal: eliminación de los tributos tradicionales valencianos
  • La centralización judicial: supresión de los tribunales locales y forales
  • La militarización del territorio: nuevas guarniciones y control estratégico de la costa
  • La pérdida de representación: fin de las Cortes valencianas y del derecho a voto de los estamentos

La fidelidad —real o supuesta— a Felipe V no libró a Guardamar de esta transformación estructural. El absolutismo borbónico no distinguía entre leales y rebeldes a la hora de homogeneizar el Estado.

La memoria y el olvido

La Guerra de Sucesión dejó en Guardamar, al parecer, una huella menos dramática que en otras poblaciones valencianas. Xàtiva fue incendiada y rebautizada como San Felipe. Alicante resistió un largo asedio borbónico. Orihuela, dividida entre ambos bandos, sufrió represalias. Guardamar, quizás por su menor peso estratégico, quizás por la destrucción de sus archivos, no aparece en las crónicas de la época con la misma intensidad.

Lo que sí perdura es la pérdida de autonomía que los Decretos de Nueva Planta representaron. La villa que había tardado siglos en recuperar el título de Villa Real (1692) vio cómo el nuevo régimen borbónico vaciaba de contenido muchas de las prerrogativas que ese título implicaba. El ayuntamiento siguió existiendo, pero bajo la tutela de corregidores reales. La justicia local fue absorbida por tribunales dependientes de la Chancillería de Valladolid. La economía quedó supeditada a los designios del Consejo de Castilla.

En resumen

Sobre Guardamar en la Guerra de Sucesión sabemos más de lo que no sucedió que de lo que sí ocurrió. No consta un saqueo austracista documentado. No consta una resistencia heroica borbónica. Lo que sí consta, con la contundencia de la ley escrita, es que los Decretos de Nueva Planta de 1707 transformaron para siempre el marco institucional en el que la villa había vivido desde la Edad Media. Guardamar, como todo el Reino de Valencia, despertó en 1714 como súbdita de un Estado unitario que ya no reconocía la pluralidad de sus fueros.

De la ruina a la resistencia

Del desastre de 1359 a la rehabilitación de 1692, Guardamar recorrió un arco de más de tres siglos de marginalidad, piratería y lenta reconstrucción. El castigo del Ceremonioso perduró más que cualquier temporal; solo la tenacidad de sus habitantes y el peso del tiempo lograron, finalmente, devolver a la villa lo que una tormenta de julio y un rey ofendido le habían arrebatado.

historia previa de Guardamar:

📖 Guerra de los Dos Pedros · 1359

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